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Un nuevo campeón químico ibérico

El triunfo de la opa del grupo portugués Bondalti sobre Ercros trae sinergias y mayor escala con las que contrarrestar la fase de dificultades por la que atraviesa el sector en Europa

Sede central del grupo Ercros en Aranjuez (Madrid). Jesús Hellín (Europa Press / Getty Images)

Dos años después del lanzamiento de la opa, el grupo portugués Bondalti, especializado en química básica, ha culminado la toma de control de Ercros con el respaldo del 77,23% del capital y prepara ya su exclusión de Bolsa, poniendo fin a uno de los procesos corporativos más prolongados que ha vivido el mercado bursátil español en los últimos años.

La operación, valorada en unos 247,5 millones de euros, se ha desarrollado en paralelo a un deterioro del contexto industrial europeo que ha ido estrechando el margen de decisión de los accionistas de Ercros. Más allá del resultado, el proceso ilustra cómo el paso del tiempo puede convertirse en un factor determinante en una opa, en un entorno marcado por el encarecimiento energético, la debilidad de la demanda y las tensiones geopolíticas, que han inclinado la balanza hacia la certidumbre de la oferta en efectivo de los portugueses.

Consultado por este periódico, el grupo luso defiende que la operación permitirá ganar escala y eficiencia en un momento especialmente exigente para el sector. En concreto, prevé sinergias de entre 10 y 15 millones de euros anuales en el resultado de explotación (ebitda) a partir del quinto año, apoyadas en la optimización de compras y una mayor flexibilidad comercial. “En este caso, uno más uno son tres”, resume su presidente, João de Mello.

Más allá de esas sinergias, el foco inmediato está en la gestión. “Nuestra prioridad es devolver a Ercros a la rentabilidad”, subraya el ejecutivo, que sitúa la estabilización operativa como paso previo a cualquier decisión de integración más profunda y todavía sujeta a análisis. La última información oficial muestra un deterioro significativo en los resultados de Ercros, que cerró 2025 con pérdidas de más de 53 millones de euros y un ebitda ajustado de apenas 7,8 millones, un 73% inferior al del año anterior, en un escenario de ajuste en la industria química europea en el que la escala se ha vuelto clave.

“Esta operación se enmarca en el difícil momento que está viviendo el sector en Europa, que está registrando resultados negativos, con varias fábricas y compañías que se han visto forzadas a cerrar, y otras que han anunciado su próximo cierre (…) En este contexto consideramos crítico tener una escala y resiliencia suficientes para competir en el complejo mercado actual”, explica el dueño de la empresa del mismo nombre, en la que se integra Bondalti, que emplea a 18.000 personas y que en 2024 facturó 1.487 millones de euros (555 millones correspondieron a su filial química).

El planteamiento se apoya en una lógica industrial que el grupo portugués —con presencia también en sectores como la energía o las infraestructuras— aplica a sus negocios, más orientada al desarrollo a largo plazo que a la rotación de activos. “Se inicia el camino para un grupo industrial con vocación de liderazgo a nivel europeo”, asegura De Mello.

El análisis en profundidad realizado por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ante posibles riesgos en mercados clave de la unión de Ercros y Bondalti, junto con el carácter no pactado de la oferta, explican la prolongación de un proceso en el que Bondalti no tuvo acceso a información más allá de la disponible públicamente.

Esa falta de visibilidad explica que, al menos en una primera fase, el grupo no contemple una integración inmediata, a la espera de poder analizar en profundidad la situación operativa y financiera del negocio, señala De Mello, que ocupará el puesto de consejero delegado. La estructura de gobierno de Ercros se completará con la figura de un presidente no ejecutivo, cargo que recaerá en el químico catalán Antón Valero, con una dilatada trayectoria en el sector y que ha ejercido como asesor externo de Bondalti durante el proceso.

El grupo ha confirmado su intención de promover una opa de exclusión a un precio no superior a los 3,505 euros por acción en los que se valoró la opa inicial y espera hacerlo antes del verano. “El tener una compañía no cotizada le ahorra costes a Ercros y nos dará la agilidad que necesitamos”, explica.

Desde un punto de vista bursátil, el relato industrial y la propuesta portuguesa han convivido con una lectura más ambivalente. En la práctica, la opa ha actuado como un ancla para la cotización. En un contexto de deterioro persistente de resultados y presión sobre márgenes, la acción ha estado sostenida por la expectativa de ejecución de la oferta.

La limitada cobertura de Ercros por parte de las casas de Bolsa dificultó la decisión de unos accionistas atrapados entre la prima sobre la cotización y la incertidumbre sobre el potencial del negocio. “De algún modo el accionista, en esta ocasión, siempre pierde”, señalaba recientemente uno de los pocos informes disponibles sobre un valor con escasa cobertura por parte de los analistas. En su análisis, Lighthouse describía la operación como “un dilema endiablado” y concluía que aceptar la opa era la opción “menos mala” ante un previsible desplome de la acción en caso de que la oferta no hubiese prosperado.

Más allá de cumplir estrictamente con sus obligaciones como cotizada, Ercros ha mantenido un perfil bajo en su comunicación con el mercado, especialmente desde el anuncio de la opa. La presentación de resultados de 2025 —sin conferencia con analistas, ni rueda de prensa ni guías adicionales— ha reforzado un entorno de escasa visibilidad que ha dificultado la valoración independiente del negocio.

Una lectura alternativa

El largo proceso deja una lectura que trasciende el caso concreto. A medida que la opa se prolongaba, el mercado dejó de debatir cuánto valía Ercros en condiciones normales para centrarse en cuánto podía llegar a valer en un entorno cada vez más incierto. Ese desplazamiento del valor al riesgo llevó a los accionistas a optar por “el pájaro en mano”.

La operación marca el final de una larga y compleja etapa bursátil. Desde que se estrenase en Bolsa a finales de los años ochenta, Ercros ha atravesado ciclos muy distintos, con una evolución marcada por la volatilidad, las reestructuraciones y episodios recurrentes de tensión accionarial. Su trayectoria en el mercado ha estado lejos de ser lineal y ha reflejado tanto la naturaleza cíclica del negocio como las dificultades estructurales de la industria química europea.

Su salida del mercado deja además una huella más amplia: la Bolsa española perderá uno de los pocos exponentes industriales puros de un sector estratégico en plena transformación. A cambio, la industria ibérica gana un actor con mayor escala y capacidad competitiva.

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