El tratado comercial en Norteamérica entra en revisión
México puede consolidarse como el país mejor posicionado para producir bienes manufactureros orientados al mercado más grande del mundo

Este año, el Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entra en proceso de revisión. Conviene recordar que el acuerdo tiene vigencia hasta 2036, pero incorpora un mecanismo de revisión desde el 1 de julio que puede derivar en distintos escenarios. En términos generales, pueden plantearse tres posibilidades. La primera es que el acuerdo se cancele. Esto siempre es posible, ya que cualquiera de las partes puede denunciarlo con seis meses de antelación. La segunda es que se determine extender su vigencia por 16 años adicionales, con una nueva fecha de finalización en 2042. La tercera es que el tratado continúe vigente sin una extensión inmediata, manteniéndose el mecanismo de revisiones anuales hasta que, eventualmente, se acuerde su renovación por 16 años antes de 2036.
El primer escenario tiene una probabilidad baja por dos razones. La primera es que el gobierno de Estados Unidos ha mantenido un trato preferente hacia el T-MEC. El año pasado, alrededor de 82% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos ingresaron exentas de arancel. Más recientemente, cuando el presidente Trump impuso aranceles de 10% a una amplia gama de importaciones tras el fallo de la Suprema Corte que invalidó los aranceles IEEPA, los bienes cubiertos por el T-MEC quedaron exentos.
La segunda razón es que, durante el proceso de consultas previo a la revisión, el sector privado estadounidense se manifestó mayoritaria y contundentemente a favor de la continuidad del tratado. Ambos elementos reflejan un hecho estructural: México contribuye a la competitividad de Estados Unidos con complejas cadenas de valor.
El escenario de una renovación inmediata es más probable que la cancelación, pero no necesariamente el más factible. La posibilidad de mantener revisiones periódicas sin extender de inmediato la vigencia otorga a Estados Unidos un instrumento de negociación al que no parece que quieran renunciar. Por ello, la opción más plausible es que el acuerdo permanezca vigente con revisiones anuales. Este no es un mal escenario para México: permite conservar un acceso al mercado estadounidense libre de aranceles para gran parte de las exportaciones. En el contexto del proceso de relocalización de cadenas productivas, ello fortalece el atractivo del país como destino de inversión.
Si el equilibrio actual prevalece, México puede consolidarse como el país mejor posicionado para producir bienes manufactureros orientados al mercado más grande del mundo. Sin embargo, para capitalizar plenamente esta oportunidad, debe hacer su parte. Ello implica acelerar la construcción de infraestructura de calidad, particularmente en el sector energético, para lo cual se requiere la participación del sector privado. Todo indica que la racionalidad económica tenderá a imponerse sobre la retórica política. De ser así, la integración productiva entre México y Estados Unidos no solo se mantendrá, sino que debería profundizarse.
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