¿Cuánto gana un abogado en España? En 2025 sus nóminas subieron con alegría
El sector legal atraviesa un ciclo de bonanza salarial. La retribución variable puede llegar a suponer un 40% del salario. Un asociado sénior percibió 104.000 euros de media

En la abogacía de los negocios soplan vientos favorables que se traducen en nóminas más dulces. El último informe de Signium sobre salarios cristaliza una tendencia alcista que, por ahora, no tiene techo. 2025 fue un año de subidas generalizadas en todas las categorías profesionales, sin excepción: desde becarios hasta directores. Pero hay un perfil que ha sentido con más fuerza esa brisa: el asociado sénior. Sus retribuciones crecieron un 6,75%, hasta alcanzar una media de 104.465 euros anuales, consolidándose como uno de los profesionales mejor pagados del sector.
La base de la pirámide en los bufetes también ha tenido subidas notables. Los abogados júnior registraron un incremento del 5% y ya se sitúan en torno a los 46.000 euros anuales, mientras que los asociados —perfil que se sitúa un escalón por encima en la carrera profesional— experimentaron una subida del 4,87%, y superan los 71.000 euros de media. Los directores, por el contrario, tuvieron un incremento más tímido, con un aumento del 3,12%, hasta alcanzar los 152.183 euros anuales. De media, todas las categorías han engordado sus nóminas cuatro puntos desde la pandemia.
Ahora bien, no todos los despachos seducen del mismo modo a golpe de talonario. Los bufetes internacionales juegan en otra liga: son los que mejor pagan y no esconden dónde han puesto el foco en su política retributiva. En 2025 elevaron un 7% la remuneración de los becarios, que ya roza los 20.000 euros anuales. En las grandes firmas nacionales, en cambio, el salario medio de ese primer escalón profesional se queda unos 4.000 euros por debajo. Detrás de estas cifras se esconde una arquitectura salarial cada vez más sofisticada. Normalmente, los bufetes combinan una parte fija junto con un componente variable, que va ganando más peso conforme el letrado sube peldaños en la pirámide. “Suele ser de hasta un 30% sobre su salario fijo anual, en función de objetivos tanto del despacho, como del desempeño del propio abogado”, señala Carlos Nieto, experto de la consultora legal W Executive. A partir del cuarto o quinto año, añade, pueden tener un plus adicional si son capaces de engordar la factura de la firma.
La parte variable —muy común en despachos medianos y grandes— depende principalmente de objetivos individuales, colectivos, de la facturación anual de la firma o de la captación de clientes. En términos porcentuales, detalla Sancho Peña, socio fundador de The Legal Headhunter, el bonus suele representar “entre el 5% y el 20% del salario en júniors y asociados; entre el 20% y el 40% en asociados sénior y counsels (perfiles de alta experiencia), y una proporción mucho mayor en socios, que a menudo vinculan buena parte de sus ingresos a los resultados globales del despacho”.
La casuística de incentivos es prácticamente infinita. “Hay tantos sistemas como firmas”, apunta Miguel Ángel Pérez de la Manga, socio de la consultora legal black.swan. La dificultad, explica, no consiste solo en fijar el porcentaje de bonus, sino en determinar cómo se calcula. Aunque los despachos intentan anclar la parte variable a parámetros objetivos —como la facturación, productividad o la rentabilidad—, en ocasiones “es inevitable acudir a factores subjetivos difíciles de medir”, cuenta. Esos criterios, especifica, pueden basarse en aspectos como la gestión de equipos, las publicaciones en revistas especializadas o la contribución al posicionamiento de un área concreta.
El escalón del socio
El horizonte para convertirse en socio promete expectativas económicas más atractivas, pero escalar hasta la cúspide de los bufetes es la suerte de unos pocos. “Entre un 10% y un 12% son los abogados que llegan a socio”, estima Carlos Nieto. En grandes bufetes, con una plantilla de 100 profesionales, la cifra es menos optimista. Apenas “el 1% se convertirán en socios de estas firmas”, calcula Pérez de la Manga.
El sendero de la carrera profesional es largo, exigente y altamente competitivo. En el caso del abogado que ha desarrollado toda su carrera en la misma firma —conocido como one club man—, “el acceso a la condición de socio suele producirse en torno a los 15 años de trayectoria”, afirma Luis Díaz-Obregón, socio de Brain Hunters. Un periodo que, según el analista, puede acortarse hasta los 12 años si el letrado ha fichado por el despacho con la promesa de acelerar su promoción. En Uría Menéndez, por ejemplo, “el recorrido suele ser de unos 10 años desde el inicio, pero ya vemos como, poco a poco, se va alargando”, expone Sancho Peña.
La dureza de ese recorrido ha empujado a muchos abogados a replantear su futuro. “Llegar a socio ha sido siempre la meta por excelencia”, reconoce Peña. “Hoy, sin embargo, los abogados jóvenes valoran otros modelos de carrera, como emprender su propio despacho”, subraya. Otros, opina Díaz-Obregón, prefieren desarrollar su trayectoria como “counsel o buscar el cobijo de una empresa, sacrificando el crecimiento salarial que ofrece una firma de abogados”. Factores como la conciliación, la flexibilidad o el teletrabajo son cada vez más importantes —especialmente para las nuevas generaciones—, aunque el salario sigue siendo fundamental.
Para los abogados que empiezan su carrera, la elección del primer despacho marcará los tiempos de aprendizaje y evolución salarial. Las firmas internacionales ofrecen proyección global, asuntos transfronterizos y sueldos más competitivos. Los despachos nacionales permiten ganar prestigio en el mercado español bajo el paraguas del bufete, mientras que las boutiques ofrecen una especialización intensa. Con todo, cada modelo impone un ritmo propio que termina reflejándose en la nómina.
¿Una opción tentadora?
Los abogados de empresa suelen cobrar menos que en los bufetes, aunque no se puede generalizar. “El director de una asesoría jurídica de una compañía del Ibex 35 estará mejor pagado que el de una empresa pequeña”, ejemplifica Miguel Ángel Pérez de la Manga, socio de black.swan. El mercado corporativo, además, vive un frenazo y muchas nóminas permanecen congeladas. “Son profesionales de primerísima línea, pero tienen un freno en los salarios”, advierte Carlos Nieto, experto de W Executive. A cambio, suelen disfrutar de mayor conciliación, aunque la exigencia sigue siendo alta.
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