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De cyborgs a fabricantes de drones

Las aeronaves no tripuladas han revolucionado la industria bélica, pero su producción vuelve aún más dependientes a muchos países de las importaciones

Una mujer ensambla drones el 12 de febrero en Lviv, Ucrania.Mykola Tys (Global Images Ukraine / Getty Images)

Oleksandr Hrachov sabe lo que es estar en un campo de batalla. Cuando los rusos atacaron Crimea en 2014, para después anexionarla a su territorio, este ingeniero ucranio se alistó al ejército como voluntario con el objetivo de combatir y oponerse a los separatistas en el aeropuerto de Donetsk, al este del país. “Sí, fui uno de los cyborgs [soldados conocidos por su resistencia feroz a los separatistas] y combatí para defender nuestra tierra”, afirma. “Cuando los rusos nos rodearon, fue necesario encontrar una solución rápida para realizar reconocimiento aéreo. Así surgió la idea de los drones en la guerra”.

Esa experiencia fue el catalizador para repensar la tecnología bélica, dando paso a innovaciones como los drones, hoy pilares de la capacidad industrial moderna. Bajo esta premisa nació TSIR, una firma de vehículos aéreos no tripulados que, tras asociarse con la empresa finlandesa Summa Defence, desarrolla una línea estratégica de aeronaves para abastecer a los países de la OTAN. “Me hubiese gustado fundar una empresa que fabricara paz en el mundo, pero la guerra que llegó a mi casa no me dejó otra opción. No elegimos la guerra. La guerra nos eligió a nosotros”, añade Hrachov.

Ucrania se ha convertido en uno de los principales productores de drones. Según las estimaciones de Bloomberg, el país ha llegado a producir anualmente unos cuatro millones de aparatos, frente a los 100.000 que fabrica la industria estadounidense, la más poderosa del mundo. Por razones de seguridad, Hrachov prefiere no revelar los detalles de su producción de aparatos. “Créame, se trata de una cifra elevada y está creciendo de forma exponencial”, destaca. Y seguirá aumentado. “Hoy vemos una escalada continuada por parte de Rusia, pese a todos los intentos de alcanzar un acuerdo de paz. Observamos ejemplos de una creciente agresión local en distintas partes del mundo y un aumento general de la tensión global. Todo ello impulsa el desarrollo de los drones. Por eso, en 2026, 2027, 2028 y más allá, la producción de drones crecerá exponencialmente”.

Lo que sí comparte es su preocupación por la dependencia de materiales críticos. “La fabricación de drones modernos —especialmente para aplicaciones militares y de defensa— depende de componentes tecnológicamente complejos que requieren recursos minerales especializados (litio, níquel, grafito, tierras raras como el neodimio o el disprosio)”, arguye el ingeniero ucranio. Por ejemplo, estos elementos se utilizan de forma intensiva en motores y sensores que garantizan la alta eficiencia de los sistemas no tripulados.

Bajo la avanzada estructura de los drones se oculta una dependencia crítica de materias primas esenciales para la seguridad de Europa. Cada pieza, desde los motores hasta las baterías y los sensores, requiere metales específicos que no pueden sustituirse sin pérdida de calidad. Por ejemplo, los motores usan elementos de tierras raras para ser potentes y compactos, mientras que las baterías dependen del litio y del cobalto, según un informe de Rabobank. Asimismo, el galio y el arsénico son claves para las comunicaciones seguras, y otros minerales como el indio permiten que las cámaras térmicas funcionen correctamente.

El problema principal es que la mayoría de estos recursos se encuentran fuera de la Unión Europea, lo que limita su capacidad para tomar decisiones independientes en materia de defensa. “China controla entre el 70% y el 90% del mercado de tierras raras necesarias para los materiales de baterías. Esto genera una dependencia grave en las cadenas de suministro de defensa y de fabricación de drones en todo el mundo”, subraya Hrachov. “En general, las cadenas de suministro globales están concentradas en manos de unos pocos grandes actores, lo que genera riesgos para la continuidad de la producción de fabricantes occidentales y ucranios”.

Formar especialistas

Pero más allá de las materias primas, otro gran desafío para Europa y para el mundo, comenta Hrachov, sigue siendo la falta de recursos humanos. “Europa debe invertir dinero en formar especialistas de primer nivel en la fabricación, el uso y la integración de sistemas no tripulados en ejércitos modernos o en nuevas alianzas de defensa”, explica el especialista. Según su punto de vista, es necesario destinar fondos a escuelas de pilotos de FPV (First Person View: aquellos que usan gafas especiales que muestran en tiempo real lo que la cámara del dron captura), a ingenieros y a toda la infraestructura de apoyo.

“Un piloto debe ser formado y educado, y luego sus conocimientos y habilidades deben actualizarse de manera constante conforme a los nuevos retos, al progreso tecnológico y a las condiciones del campo de batalla”, destaca. “Los drones se fabrican y evolucionan mucho más rápido de lo que las personas pueden aprender a gestionar la arquitectura del campo de batalla”, abunda Hrachov. “Formar a un piloto o a un ingeniero requiere no solo dinero, sino también tiempo. Nuestro enemigo tiene personas, recursos y dinero: todo lo necesario para llevar a cabo políticas agresivas, provocaciones agresivas, guerras híbridas y operaciones de combate a gran escala en el territorio de otro Estado. Hoy es Ucrania. Mañana puede ser un miembro de la UE o de la OTAN”.

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