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El INE eleva la inflación de marzo al 3,4% por la subida de los combustibles

El instituto de estadística revisa una décima al alza su cálculo inicial en el primer mes de guerra en Irán

Una persona repostando combustible, en Barcelona, el mes pasado.David Zorrakino (Europa Press)

El coste de la vida se encareció aún más de lo previsto inicialmente en el mes de marzo. Los hogares se han convertido en los pagadores involuntarios de los conflictos bélicos más recientes, y la guerra en Irán, donde el barril de petróleo se ha convertido en arma, no es una excepción. Su impacto sobre los precios ha sido inmediato, y se ha trasladado a las gasolineras con virulencia, como refleja la inflación de marzo, del 3,4%, según el dato definitivo publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) este martes, una décima por encima del publicado dos semanas atrás. Se trata de su nivel más alto desde junio de 2024.

Ya estaba previsto que la inflación entrase en una fase de subidas esta primavera antes de que las bombas cayeran sobre Teherán, porque las fuertes caídas de la electricidad en 2025 por las lluvias jugaban en contra, al ser la inflación una comparación interanual. Pero el primer mes de conflicto ha prendido la mecha de los precios como hacía tiempo no se veía, debido a las fuertes alzas que ha provocado en la gasolina y el diésel. La aceleración de la inflación, de más de un punto frente a febrero —cuando fue del 2,3%—, es la mayor desde junio de 2022. Y hubiera sido todavía peor sin la rebaja de impuestos del Gobierno, que entró en vigor el pasado 22 de marzo.

La medida solo supuso un alivio durante 10 días de los 31 contabilizados, pero en los meses venideros se notará de lleno, y el Ejecutivo calcula que restará entre ocho décimas y un punto a la inflación en abril, mayo y junio. “El plan de respuesta está diseñado para que el shock externo de la guerra no se traslade de forma permanente ni a la inflación ni al poder adquisitivo", ha señalado en un comunicado este martes.

Para Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics, el riesgo de nuevas escaladas de precios se ha amortiguado a corto plazo, pero no se puede dar por hecho que se haya alcanzado el pico. “Las medidas deberían ayudar a mantener la inflación sobre estos niveles en los próximos meses, pero si los precios de la energía no se normalizan pronto, o tendrán que extenderse más de tres meses o veremos un repunte de la inflación a partir de julio”, advierte.

La diferencia entre la subida experimentada por la gasolina (del 4,8%) y el diésel (del 17,9%), fue notoria, algo que se explica porque mientras Europa dispone de suficiente capacidad de refino para ser exportadora neta de gasolina, sufre un déficit crónico de gasóleo, lo que la obliga a depender de las importaciones para satisfacer su demanda interna. Pese a que la implantación de energías renovables en España evitó que el alza del gas natural en los mercados disparara también los precios de la electricidad, las tarifas se incrementaron un 4,3% frente a 12 meses atrás.

La buena noticia llegó del lado de los alimentos y las bebidas no alcohólicas, cuyos precios llevaban seis meses consecutivos de avances, y que se moderaron en marzo del 3,2% al 2,7%. Ello deja entrever que por ahora no existe un contagio —los llamados efectos de segunda ronda— a la cesta de la compra, si bien persisten, eso sí, tensiones en ciertos comestibles, como los huevos (21,2% más caros que hace un año) o las legumbres (19,6% arriba).

En términos mensuales, los precios repuntaron un 1,2%, mientras que la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos no elaborados— se situó en el 2,9%, dos décimas por encima tanto del dato de febrero como del adelanto del INE.

Mayor que la europea

España convive desde hace meses una inflación superior a la media de sus socios europeos, y esa dinámica se ha acentuado en marzo: los precios de la zona euro se elevaron hasta el 2,5%, seis décimas más que en febrero, y prácticamente la mitad de lo que aumentó el IPC español, lo cual agranda la brecha con el resto de Europa, y supone un lastre para la competitividad de las empresas españolas.

El Banco de España prevé que, en el peor escenario —una contienda que se alarga y dispara los precios energéticos durante un periodo prolongado—, la inflación podría llegar al 5,9% este año y mantenerse en el 3,2% el siguiente. Las recientes negociaciones de paz, sin embargo, están alentando cierto optimismo en los mercados financieros, con el S&P 500, el principal índice de Wall Street, por encima ya de sus niveles previos a la guerra, y el barril de crudo brent por debajo de los 100 dólares. Dichos movimientos descuentan un acuerdo en fechas próximas, aunque el escenario está marcado por la incertidumbre.

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