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Ángel Simón toma el control de Indra tras salir por la puerta de atrás de La Caixa

Ingeniero de 68 años, su nombramiento se produce un año después de tener un choque de alto voltaje con Isidre Fainé

Ángel Simón, durante la presentación del plan estratégico de Fundación La Caixa. Albert Garcia

Un dicho popular afirma que “si a Manresa vas, las pantorrillas perderás”, en alusión a las cuestas que hay que vencer para avanzar por las calles de la capital de la Cataluña central. Sea por las exigencias de la orografía, o por el valor que se necesita para resistir el frío en una urbe que durante el gélido invierno es rebautizada como Manrussia, la tenacidad es una característica que se asocia a sus vecinos. En ese contexto, entre Manresa y el pequeño municipio de Cercs, se fajó Ángel Simón, 68 años, candidato propuesto por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) para presidir la compañía Indra.

El anuncio llega cuando se cumple un año de un zarandeo interno que sacudió los despachos de mando de La Caixa y que terminó con Simón cesado como consejero delegado de Criteria, el brazo que controla las inversiones de la entidad. Aquella decisión fue tomada por otro manresano, Isidro Fainé, presidente de La Caixa, y fue un golpe inesperado para Simón, pero doce meses después su nombre resurge para comandar Indra, compañía tecnológica a la que el Gobierno central quiere convertir en su campeón nacional de la defensa y que saca réditos cuando vienen tiesas y crecen las ansias de rearme: su beneficio neto creció un 57% en 2025, hasta los 436 millones.

Simón es ingeniero de caminos, canales y puertos por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Antes de ser nombrado máximo responsable ejecutivo de Criteria a comienzos de 2024 había ocupado durante treinta años cargos ejecutivos en el negocio del agua. Fue presidente de Agbar y vicepresidente de Veolia para España, Portugal y Latinoamérica. Quienes han trabajado con él aseguran que no tiene reparos en mojarse cuando conviene. Con ese talante, al ponerse al frente del brazo inversor de La Caixa confesó que asumía el timón con la vocación de ser “el primer grupo con influencia real en España” y que el tejido industrial les considerara su referencia. Abordó un ambicioso plan para pilotar el giro estratégico de Criteria, y emprendió una senda de adquisiciones y participaciones en empresas estratégicas de la industria española.

Ese apetito voraz por tomar posiciones en focos de poder y ganar influencia, no solo a nivel empresarial, supuestamente respondía al encargo que le había hecho el propio Isidro Fainé y encajaba con las expectativas que el Gobierno de Pedro Sánchez tenía puestas en la actividad inversora de Criteria.

Simón es un hombre cercano al PSC y tiene complicidad con el president Salvador Illa. Fue con él al mando cuando Criteria regresó a Cataluña, una decisión que lanzaba un potente mensaje sobre la desinflamación de la política catalana tras la grave crisis institucional que supuso el fallido proceso independentista de 2017. Fue en marzo de 2025, en un movimiento de profundo calado político y económico para el conjunto de España, que el grupo La Caixa decidió devolver las sedes sociales de su fundación y de su brazo inversor a las torres negras de la avenida Diagonal de Barcelona, de las que se fueron en octubre de 2017 a causa de la inestabilidad por el proceso independentista. La sede social de Caixabank, sin embargo, continua en Valencia.

Con Simón al volante, las etapas se quemaban a toda velocidad. En seis meses, desde enero de 2024 cuando fue nombrado, hasta junio, cuando presentó su plan estratégico, Simón dio muestras de hiperactividad: entabló conversaciones con el fondo emiratí Taqa para hacer una opa en Naturgy (que fracasaron), había ampliado la participación de Criteria en Telefónica de la mano del Gobierno para hacer frente a la entrada del fondo saudí STC, había comprado el 9,4% de ACS, había entrado en Puig y Colonial, había vendido su participación en Cellnex y sonaba en la operación de Talgo.

Pero todo se torció cuando el todopoderoso presidente de La Caixa empezó a mostrar incomodidad con el protagonismo creciente de su delfín. Incluso quedó patente que la discreción con la que se suelen ventilar las diferencias en La Caixa, quedaban en un segundo plano. Un comunicado de la entidad aguaba una anterior nota donde se había anunciado que el consejo de administración aprobaba un “principio de acuerdo” para entrar en el capital de la siderúrgica Celsa. “CriteriaCaixa quiere aclarar que la posible entrada en el capital de Celsa se encuentra aún en fase de estudio por parte del equipo directivo y de gestión de la compañía”. Un revés que quedaba rubricado con otro correctivo: “hasta ahora no se ha concretado nada de eso”.

El desencuentro no escribía el principio del fin de la etapa de Ángel Simón en Criteria pero su fama de gestor eficiente resistió aquel envite. Un año después, el Gobierno, con capacidad directa de decisión en Indra, rescata su nombre para ponerlo al frente de la compañía en una época de plena convulsión. “Los acontecimientos de las últimas semanas han generado una situación que, además del desgaste personal, amenaza con comprometer los objetivos que me impulsaron desde el primer día y que considero esenciales para el futuro de Indra y del sector”, señala Ángel Escribano, en su carta de dimisión como presidente de Indra.

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