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El INE confirma que la economía española creció un 2,8% en 2025, el doble que la zona euro

El empuje del consumo y la inversión impulsaron el PIB un 0,8% en el cuarto trimestre

Una clienta compra en el Mercado de la Boquería de Barcelona, el pasado mes de agosto.massimiliano minocri

La economía española creció en 2025 a un ritmo muy superior al de sus socios europeos. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado este viernes que el PIB avanzó un 2,8% el pasado ejercicio, justo el doble que la zona euro, gracias al empuje del consumo y la inversión, las dos patas sobre las que se apoya en los últimos tiempos la mejora de la actividad. El dato anual está por debajo del 3,5% que alcanzó en 2024, pero refrenda que España fue la economía avanzada que más creció en los dos últimos años.

El cierre de 2025 fue especialmente favorable: el cuarto trimestre fue el mejor de todo el curso, con un repunte de ocho décimas que se vio propulsado por una aportación de nueve décimas de la demanda nacional, a la que el sector exterior restó una. La velocidad de crucero fue ganando tracción conforme transcurrían los meses, con algún altibajo: en el primer trimestre el PIB creció en cinco décimas, en el segundo en siete, y en el tercero en seis. En el conjunto del año, el desequilibrio entre una demanda nacional boyante y un sector exterior deficitario fue la tónica, pero el comportamiento de la primera compensó con creces al segundo, gracias sobre todo al consumo de los hogares, que avanzó un 3,3% espoleado por la creación de más de medio millón de empleos.

Para Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, la situación de la economía española contrasta con el mayor estancamiento de muchos socios europeos, y tiene sus propias peculiaridades. “Tenemos una economía basada en el crecimiento intenso de la demanda interna, es decir del consumo privado y la inversión en construcción, algo muy importante de cara a intentar solventar la crisis habitacional que estamos sufriendo. En cambio, el sector externo detrae actividad, con unas exportaciones que crecen muy poco y una aceleración de las importaciones por el desvío de exportaciones de países asiáticos como China en un contexto de guerra comercial en EE UU”, argumenta.

Es decir, España está absorbiendo parte de las mercancías chinas que iban a EE UU antes de que Donald Trump levantara el muro arancelario, lo que ha contribuido a elevar el déficit comercial más de un 40% en 2025.

Esas cifras de mejora del PIB, en cualquier caso, dotaban a la economía española de una importante inercia para seguir creciendo en 2026, con un avance que el Ministerio de Economía cifra en el 1,1% como punto de partida. Las previsiones auguraban que el impulso sería algo menor que en 2025, pero todavía sólido, por encima del 2%. Sin embargo, la guerra en Irán ha desplegado un velo de incertidumbre sobre todas las predicciones, a la espera de cuantificar su impacto, mayor cuanto más se alargue el conflicto. Las economías europeas, muy dependientes de las importaciones de gas natural y petróleo, son especialmente sensibles a los aumentos de precios energéticos que se están produciendo en los mercados, lo que se ha traducido ya en rebajas de previsiones por parte del Banco Central Europeo. Está por ver hasta qué punto afecta eso a España, que se beneficia de una electricidad más barata gracias a la fuerte implantación de energías renovables, pero que no es inmune a la escalada del barril de petróleo.

Volviendo al balance de 2025, los datos fueron particularmente positivos para la inversión en bienes de equipo, que crece un 7,4%, y en construcción, que sube un 5,2% en un contexto de crisis en el acceso a la vivienda. Además, aunque el sector exterior no vive su mejor momento, ha diversificado sus fuentes de ingresos, volviéndose menos dependiente del turismo: las exportaciones de servicios no turísticos —que incluye a sectores como los servicios informáticos, consultoría, ingeniería, telecomunicaciones o transporte— crecieron un 11,1% en 2025, algo que el Gobierno cree que se explica por la progresiva modernización del tejido productivo español.

La caída de la tasa de paro, que a cierre de 2025 bajó del 10% por primera vez en 17 años, y que ha propiciado que España deje de ser el país con más desempleo de la Unión Europea, puesto ahora ocupado por Finlandia, se vio acompañada de un aumento de la productividad por hora trabajada del 0,7%.

Desde el desplome que sufrió la economía por la pandemia en 2020, España acumula un lustro de fuerte crecimiento. El PIB ha subido más de un 2% en cada uno de los últimos cinco años, y antes del comienzo de hostilidades en Oriente Próximo aspiraba a un sexto año por encima de esa barrera. A finales de abril, el INE publicará el dato adelantado de PIB del primer trimestre de 2026, una pista sobre el nivel de erosión que ha sufrido la actividad por la crisis energética.

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