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El déficit comercial de España se dispara más de un 40% en 2025

Los envíos de mercancías a Estados Unidos recularon con fuerza en el año del desafío arancelario de Donald Trump, aunque el mayor desequilibrio en los intercambios se registró con China

Desembarco de contenedores en el Puerto de Valencia, en una imagen de archivo.Mònica Torres

La balanza comercial española sufrió el año pasado su mayor déficit desde 2022, cuando la invasión en Ucrania disparó los precios de la energía y obligó a pagar mucho más por las compras de gas y petróleo en el exterior. En 2025, el saldo negativo entre las exportaciones y las importaciones de mercancías fue de 57.054 millones de euros, un 41,6% superior al del ejercicio anterior, cuando alcanzó los 40.276 millones. Es el tercer peor registro desde 2008. En esta ocasión, gran parte de la culpa la tiene la desigual relación con China, con la que el saldo empeoró un 12%. Solo el desequilibrio con el gigante asiático supone tres de cada cuatro euros del déficit comercial español.

Para Ya-Lan Liu, analista de Arcano Research, China ha buscado mercados alternativos donde colocar la producción que antes de las barreras comerciales enviaba a Estados Unidos. Y entre esos destinos a los que desagua una sobreproducción que la débil demanda interna no logra absorber, está España. “Esa desviación es inevitable que se produzca, pero no está siendo tan masiva como se auguraba, el temor era que se inundaran los mercados europeos de productos chinos. Hay más ventas chinas a Europa, pero aumentan aún más al resto de Asia y África”, explica la experta.

Esa tendencia no es exclusiva de España. El conjunto de la Unión Europea vio dispararse su déficit comercial con el gigante asiático un 15% en 2025, pero a diferencia de lo que ocurre con los Veintisiete, España no ha podido compensar los números rojos con sus envíos de mercancías a otras partes del mundo. Las exportaciones crecen un pírrico 0,7%, hasta los 387.092 millones (que es el segundo mejor dato de la serie histórica), mientras las importaciones suben a un ritmo casi siete veces superior, un 4,6%, sumando 444.146 millones.

Detrás de esa cuantiosa diferencia está el empeoramiento del déficit no energético, que prácticamente se triplica, y pasa de 9.833 a 27.763 millones. Se trata en parte de una consecuencia del fuerte crecimiento económico español, del 2,8% el año pasado. Al aumentar los beneficios empresariales, también lo hace su capacidad de invertir y crecer, lo que animó la adquisición de bienes de equipo, con importantes incrementos del gasto en maquinaria para la industria, equipamiento para oficinas y telecomunicaciones, material de transporte o aparatos eléctricos.

El buen momento por el que pasa la demanda interna, con España a lomos de un auge demográfico que la lleva a rozar los 50 millones de habitantes, unido a subidas de precios en los mercados, explica también otros sobrecostes llamativos, como el 27% más en importaciones de productos cárnicos (casi 5.000 millones), o el 25% más en azúcar, café y cacao (7.000 millones), todos ellos entre los productos que más se han encarecido en los últimos tiempos. El mayor envejecimiento de la población, y el bum de los fármacos para perder peso han influido también en el aumento de las importaciones de medicamentos en 2025, casi un 16% (26.579 millones).

Mientras tanto, el déficit energético se mantuvo a raya, e incluso retrocedió ligeramente, de 30.442 millones a 29.292 millones, gracias a un ahorro de 3.000 millones en la partida de petróleo y derivados.

Estos datos solo tienen en cuenta las exportaciones de mercancías, no las de servicios, con las que el relato daría un vuelco, como explica el economista Javier Santacruz. “La relación histórica que había entre crecimiento económico y déficit comercial (dicho de otra forma, que para crecer necesariamente teníamos que disparar las importaciones), se rompió afortunadamente entre 2010 y 2012. Desde entonces, generamos un fuerte superávit por cuenta corriente, sobre todo gracias a los servicios”, señala.

Estados Unidos pierde peso

Entrando más al detalle geográfico, el aumento de las exportaciones españolas de bienes hacia destinos emergentes como África (6,2%) y Asia (3,4%), contrasta con la estabilidad en los envíos a la Unión Europea (0,6%), el principal mercado, y los retrocesos en América Latina (-6%), y Estados Unidos (-8%), claramente influenciada esta última por las tarifas de Trump. El pico de esas tensiones llegó en agosto, cuando entraron en vigor los aranceles y los envíos de las empresas españolas al país norteamericano se hundieron más de un 30%.

Ello ha propiciado una progresiva pérdida de peso de Estados Unidos en la balanza comercial española. Ya solo supone un 4,3% del total de las exportaciones, justo un punto menos que hace un año. Y la búsqueda de alternativas: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encuentra estos días en la India, con la que la UE firmó recientemente un acuerdo comercial, para estrechar los lazos con el país más poblado del planeta, cuyo potencial como destino exportador se antoja enorme para productos como el aceite de oliva, que ha visto eliminados los aranceles con el pacto entre Bruselas y Nueva Delhi, o el sector del automóvil, al que se han rebajado las trabas. Por ponerlas en contexto, las exportaciones españolas a la India, de algo más de 2.000 millones, suponen solo la cuarta parte de las que entrega en China.

Los mayores superávits se registraron con los vecinos Portugal (17.380 millones) y Francia (17.341 millones). El Reino Unido quedó un paso por detrás (14.165 millones). Y los déficits más abultados, con China (-42.278 millones), Estados Unidos (-13.458 millones), y Alemania (-10.954 millones).

¿Cómo se puede reducir ese saldo comercial negativo? “Es necesario incrementar la localización de industrias compradoras de productos intermedios —como las fábricas de baterías chinas, lo que han hecho con la antigua fábrica de Santana en Linares o la de la zona franca de Barcelona de Nissan— para que el valor añadido que se genera en España se traduzca en mayor valor de las exportaciones, sea de vehículos o de maquinaria", apunta Santacruz.

De momento, los datos apuntan que la densidad del sector exportador español continúa aumentando. El número de empresas que vende en el exterior regularmente más de 1.000 euros creció por quinto año consecutivo y son ya 46.230, un 10,4% más que hace un lustro.

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