Estados Unidos mantiene intactos los tipos de interés a la espera del desenlace de la guerra de Irán
La Reserva Federal revisa al alza sus perspectivas de inflación, hasta el 2,7%. Powell asegura que seguirá en la Fed hasta que el Senado nombre a Warsh


Mientras las bombas caen en Oriente Próximo, la Reserva Federal ha decidido esperar. Jerome Powell, el presidente del organismo encargado de fijar el coste de endeudamiento en Estados Unidos, ha impuesto la prudencia en la penúltima reunión de su convulso mandato, que concluye en mayo. La Fed ha decidido este miércoles mantener sin cambios, por segunda reunión consecutiva este año, los tipos de interés en una horquilla de entre el 3,75% y el 3,5% en medio de una creciente incertidumbre por la guerra de Irán. La decisión, de 11 contra uno, contó con el voto en contra de Stephen Miran, el exasesor económico de Trump en la Casa Blanca, que apostó por una bajada de los tipos de un cuarto de punto.
“Las implicaciones de los acontecimientos en Oriente Medio para la economía estadounidense son inciertas. El Comité está atento a los riesgos que conlleva su doble mandato”, ha señalado la Fed a través de un comunicado. El organismo ha recalcado que el panorama es “incierto”.
El banco central estadounidense ha publicado sus nuevas perspectivas. Los economistas del organismo calculan que la inflación crecerá hasta el 2,7%, tres décimas más de lo previsto en su último informe de diciembre. Por el contrario, eleva su pronóstico de crecimiento en una décima hasta el 2,4% para este año. Y mantiene la tasa de desempleo en el mismo nivel que hace tres meses, en el 4,4%.
Powell ha apelado a la cautela antes de valorar el impacto de la guerra. Durante su comparecencia ante los medios tras la reunión del consejo de la Fed ha manifestado: “A corto plazo, los precios más altos impulsarán la inflación general. Es demasiado pronto para conocer el alcance y la duración de los posibles efectos en la economía. Continuaremos monitoreando los riesgos para ambas partes del mandato”.
Los 12 banqueros centrales que integran el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, el organismo de la Fed que decide sobre los tipos de interés) llegaban a la cita con una profunda división. Mientras la economía mundial contiene el aliento ante los crecientes problemas de suministro de petróleo por el bloqueo iraní en el estrecho de Ormuz, se amplía la brecha entre quienes opinan que no es el momento de reducir los tipos, e incluso se abren a la posibilidad de subirlos si se enquista el conflicto en Irán, y los que apuestan por ahondar en la rebaja del precio del dinero.
Con todo, el organismo encargado de dictar las políticas monetarias ha rebajado sus expectativas de recortes de tipos ante la amenaza de un rebrote de las tensiones inflacionarias. El barril de crudo se ha encarecido más de un 40% desde el inicio de los bombardeos en Teherán, hasta acariciar este miércoles los 110 dólares tras el ataque de Estados Unidos al mayor campo de gas natural del mundo, South Pars, un inmenso yacimiento que Irán comparte con Qatar. La operación amenaza con desencadenar una respuesta de Irán a otras instalaciones críticas y provocar una escalada sin precedentes en el mercado energético. La tensión en los mercados energéticos ha arrastrado a la gasolina —ha subido un 27% en Estados Unidos, el segundo mayor aumento mensual en más de 30 años— y ha sembrado el terreno para una nueva espiral inflacionaria.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha trastocado las perspectivas de inflación y crecimiento de la Fed. De los 19 participantes del FOMC (12 con voto y siete sin derecho a él), siete indicaron que esperaban que las tasas se mantuvieran sin cambios este año, uno más que en la última actualización de diciembre. Con todo, la mayoría de los funcionarios apuesta por una rebaja del precio del dinero a lo largo del año hasta un tipo medio del 3,4%. Y aumenta la resistencia para que rebajen más de ese nivel. “La mediana no cambió (respecto a diciembre), pero sí hubo un movimiento significativo hacia una menor cantidad de recortes por parte de los funcionarios. Así que cuatro o cinco personas pasaron de dos (recortes) a uno”, ha insistido Powell.
El banquero central ha reconocido que algunos miembros del FOMC comentaron una posible subida de tipos si las cosas empeoran, aunque “la gran mayoría de los participantes no lo considera ese su escenario base”.
El presidente de la Fed, que encara su penúltima reunión si su sustituto Kevin Warsh logra el aval del Senado, algo que no está claro, ha abundado sobre el impacto de la guerra, pero ha insistido en que la Fed está “comprometida” a buscar que las tasas de inflación se dirijan hacía el 2%, como dicta el mandato de la Fed: “No queremos reaccionar de forma exagerada. Queremos tomar la mejor decisión posible basándonos en los hechos. No creo que dejemos que influya en nuestra toma de decisiones más de lo apropiado. Pensamos que hemos tenido el impacto arancelario, la pandemia, y ahora tenemos un impacto energético de cierta magnitud y duración. No sabemos realmente cuál será. Es una de esas cosas en las que se repite un conjunto de eventos. Nos preocupa que ese tipo de cosas puedan causar problemas con las expectativas de inflación”.
Fue Karl Marx quien escribió en El 18 brumario de Bonaparte que la historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa. “El presidente de la Reserva Federal ha advertido que si la guerra del Golfo dura más de tres meses, la economía norteamericana se enfrentaría a una recesión mucho más profunda y duradera de lo que él mismo pensaba hace pocos días”. La cita, que bien podría aplicarse a Powell, corresponde a un artículo de Jesús Mota publicado por este periódico hace 35 años para reflejar la preocupación de Alan Greenspan, el legendario gobernador de la Fed entre 1987 y 2006, con motivo de la primera guerra del Golfo en 1991.
Tres décadas y media después, las preocupaciones del máximo mandatario de la Reserva Federal en aquella época guardan paralelismos con las que tiene su actual sucesor. La duración de la guerra del Golfo marcará las constantes vitales de la economía estadounidense, que ya antes de la guerra enviaba mensajes contradictorios: con una inflación persistente y un mercado laboral con síntomas de debilidad.
Los economistas, además, están preocupados por el desempeño de la economía tras la revisión del dato de crecimiento del último tramo de 2025. La oficina estadística de Estados Unidos rebajó a la mitad el PIB del cuarto trimestre, hasta el 0,7%, por el mayor impacto de los aranceles y el cierre del gobierno del pasado otoño, el más largo de la historia del país.
Las dos fuerzas contrapuestas alimentan la división en la Fed. Los votos disidentes son, también, reflejo de las presiones que está recibiendo el banco central por parte de la Casa Blanca. El presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó el año pasado una campaña de acoso y derribo contra Powell, con insultos, menosprecios, intentos de despidos e incluso con una controvertida investigación criminal. Trump empuja para que la Fed baje los tipos de forma más agresiva para dopar a la economía antes de las elecciones de mitad de mandato de este próximo noviembre. Las encuestas no le favorecen y corre el riesgo de ver recortados sus poderes presidenciales.
El inquilino del Despacho Oval ha intentado colonizar la Fed. Ha colocado a tres de los banqueros centrales: Stephen Miran era, hasta hace unos meses, el asesor económico de Trump en la Casa Blanca; Christopher Waller fue nombrado por el republicano en su anterior mandato; y Michelle Bowman, también nombrada por Trump el año pasado. Aunque ha sido Miran la única voz discordante en esta cita, los otros dos apuestan por más rebajas a lo largo del año que el resto de banqueros centrales.
Seguirá hasta que llegue Warsh
Powell ha recordado que su mandato termina el próximo 15 de mayo. Pero hay dudas de que su sustituto, Kevin Warsh, logré el aval del Senado, porque un grupo de senadores republicanos ha advertido que rechazará la nominación si la Casa Blanca mantiene su campaña de acoso contra Powell. “Seguiré hasta que mi sucesor logre la nominación. Es lo que hemos hecho en otras ocasiones”.
La fiscalía general le abrió una investigación criminal por los sobrescostes de la reforma de la sede .
Además, sin esperar a que le pregunten por ello, Powell ha explicado que aún no ha tomado una decisión sobre su continuidad como banquero central. Aunque su mandato como presidente termina en mayo, su cargo como banquero central dentro de la Reserva Federal concluye en 2028.
El actual presidente de la Fed podría mantenerse en el organismo para evitar que la Casa Blanca colonice la institución creando un bloque de oposición al previsible futuro presidente, Kevin Warsh. “Si mi sucesor no es confirmado al final de mi mandato como presidente, serviría como presidente pro tempore hasta que sea confirmado. Eso es lo que exige la ley. Eso es lo que hemos hecho en ocasiones esencialmente, incluso en las que me ha involucrado”, ha manifestado Powell.
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