El petróleo sigue disparado y se instala en los 100 dólares tras tocar un máximo al borde de los 120
Los ataques contra infraestructuras petroleras y la elección como líder del hijo de Jameneí en Irán acentúan el miedo en el mercado. Las conversaciones del G-7 sobre una posible liberación de reservas alivian la presión

El mercado petrolero ha vivido una nueva sesión histórica ante el agravamiento del conflicto en Irán. Una jornada de lunes en la que el precio del barril amanecía con pánico por bandera: el petróleo se disparaba hasta un 30% y las Bolsas se desplomaban. La presión poco a poco fue aflojando y dio paso a movimientos no tan extremos, pero abultados en todo caso, con subidas del 7% que dejan un barril de Brent al filo de los 100 dólares. Es el nivel más alto desde 2022 y una cota psicológica crítica, aunque está un 16% debajo de los 119 que llegó a tocar de madrugada. Una inestabilidad sin apenas precedentes.
El balón de oxígeno llegó de parte de los ministros de finanzas del G-7, que mostraron su disposición a tomar las medidas conjuntas necesarias para apoyar el suministro energético mundial, incluida la posible liberación de reservas petroleras de emergencia. Aunque de momento no hay acuerdo, la simple intención del G-7 hizo que inversores respiraran con algo de alivio, y ello a pesar de que las posibilidades de una resolución rápida del conflicto en el golfo Pérsico siguen siendo mínimas.
Las alarmas saltaron cuando, a última hora del domingo, el barril de petróleo Brent superó la bandera roja de los tres dígitos: la amenaza teórica se transformaba en un riesgo real de crisis energética mundial. En poco más de una semana, desde que comenzaron los ataques conjuntos de Israel y EE UU, el barril se ha encarecido cerca de un 38%. El West Texas Intermediate sube hoy un 6% y supera los 96 dólares.
Si los acontecimientos del fin de semana ya enfriaban las probabilidades de un cese de hostilidades con Teherán más o menos cercano, la elección de Mojtaba Jameneí para suceder a su padre como líder supremo de la República Islámica desvanece cualquier esperanza. La sucesión es una señal de que la línea dura continúa al frente del país, temor que se ha visto refrendado por las muestras de apoyo en las calles para proclamar lealtad al nuevo líder supremo, además de una nueva oleada de ataques de Irán contra infraestructuras petroleras en el golfo Pérsico, incluida una refinería en Bahrein incendiada a causa de un dron. El Departamento de Estado de EE UU ha ordenado a sus empleados y diplomáticos en Arabia Saudí que abandonen el país, alegando riesgos para la seguridad, mientras cada vez más países de la zona se ven obligados a parar la producción de petróleo.
Tampoco parece que la presión de precios pueda mover a Washington a buscar una desescalada, como han barajado algunos analistas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha pronunciado en redes sociales sobre el alza del petróleo en una publicación en su plataforma, Truth Social, donde afirmó que las fluctuaciones a corto plazo son un “precio muy bajo a pagar” por Estados Unidos, el mundo y la paz. El mandatario añadió que los precios caerán rápidamente “cuando la destrucción de la amenaza nuclear iraní haya terminado”.
Varios productores del golfo Pérsico, como Irak, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos, han comenzado a reducir el bombeo de petróleo, pues, con el estrecho de Ormuz cerrado y sus almacenes de crudo rebosantes, no tienen capacidad física para dar salida a más petróleo. Según Reuters, en el caso de Irak el recorte alcanza ya el 70%. De acuerdo con la agencia Bloomberg, Arabia Saudí habría reducido la producción, pues el oleoducto que le permite sortear el Estrecho tiene una capacidad en torno a los ocho millones de barriles diarios y el reino produce ocho. En total, según JP Morgan, se han dejado de producir cuatro millones de barriles, aunque la pérdida de oferta diaria es más amplia, de entre 15 y 20 millones.
Hasta el momento, los análisis de la banca de inversión apuntaban a una pronta recuperación de los flujos del petróleo, dejando la subida de precios en un acontecimiento puntual. Pero las noticias sobre el terreno están erosionando estas expectativas. “La fortaleza militar iraní y el aumento de los precios del petróleo apuntan a un posible conflicto a largo plazo”, explica en una nota Mark Mathews, responsable de análisis de Julius Baer en Asia. “En una reunión a puerta cerrada con el Congreso la semana pasada, los responsables militares informaron de que Irán aún conserva la mitad de sus misiles balísticos y una cantidad aún mayor de drones”, añade. “Al parecer, el nuevo líder iraní es aún más radical que su padre, y el ataque selectivo contra este último eliminó accidentalmente las alternativas moderadas que Washington esperaba que pudieran sustituirlo. Los inversores se han vuelto más pesimistas, pensando que el conflicto podría durar varios meses y tener un impacto en las economías reales”, remacha.
Los precios de gasolinas y gasóleos suben hoy también entre un 10% y un 15%, y desde el inicio de las hostilidades avanzan hasta un 66%, en función del tipo de producto y del mercado, dado que en el golfo Pérsico se localizan numerosas refinerías y la zona es un gran exportador también de productos refinados, desde combustible de aviones a gasóleo, material para plásticos o gasolinas. “Hemos visto un rápido cambio desde la visión optimista de que esto sería un conflicto breve a algo claramente más prolongado”, señala a Bloomberg Warren Patterson, jefe de estrategia de materias primas de ING Groep. “Mientras no veamos que el petróleo se mueve por el estrecho de Ormuz, los precios del petróleo solo seguirán subiendo”.
En paralelo, la tensión sigue siendo máxima en el mercado del gas, con la referencia europea, el contrato TTF negociado en Países Bajos subiendo el 6% hasta los 56,7 euros el megawatio hora. Qatar, segundo exportador del mundo de gas licuado (GNL), mantiene su producción parada prácticamente desde el inicio de la crisis, y espera tardar en recuperarla por los daños derivados de ataques iraníes. La perspectiva de que una de las perturbaciones más graves recientes en los suministros energéticos mundiales pueda durar más de lo previsto está en el origen de las alzas.
A pesar de las subidas del gas, los precios siguen estando muy por debajo de los récords alcanzados durante la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania, cuando se llegó a tocar un máximo histórico superior a 300 euros por megavatio-hora, frente a los cerca de 60 euros actuales. Los expertos consideran que Europa se encuentra en una posición vulnerable, ya que finaliza el invierno con sus almacenamientos casi agotados, lo que significa que tendrá que comprar más cargamentos de GNL este verano y tendrá que buscar proveedores en Asia si los flujos de Oriente Próximo siguen sin llegar a los mercados globales. “El mercado se está dando cuenta poco a poco de la realidad de las prolongadas interrupciones del suministro en toda la cadena de valor energética”, dijo a Bloomberg Florence Schmit, estratega energética de Rabobank. “Prevemos que las interrupciones del suministro se prolongarán durante unos tres meses”.
Los analistas de Goldman Sachs han elevado su pronóstico de precios del gas en Europa para el segundo trimestre a 63 euros por megavatio-hora desde los 45 euros anteriores, ante la expectativa de una interrupción prolongada de las exportaciones de Qatar. La estimación asume que los envíos de GNL se mantendrán en cero hasta finales de marzo, más tiempo del previsto inicialmente, seguido de un aumento gradual durante la mayor parte de abril.
“Los precios del petróleo han reunido todos los ingredientes para una tormenta perfecta: los productores del Golfo recortan la producción, el cierre prolongado del estrecho de Ormuz... todo ello agravado por un creciente pesimismo sobre una rápida recuperación de la situación”, añaden los analistas de Kepler.
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