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El gran reto de la vivienda en la España rural: “No es solo atraer gente, sino que se quede”

Una iniciativa de la sociedad de inversión inmobiliaria Tutecho recluta a nuevos vecinos, pero encontrar empleo se complica en los pueblos más pequeños

El tractorista Alberto Estrada en su casa en Paredes de Nava (Palencia), el jueves pasado.Emilio Fraile

La llanura de Palencia y los molinos dominan las carreteras hacia Paredes de Nava, una chispa de esperanza en la España rural. El pueblo de 2.000 habitantes ha crecido un 2,7% en cinco años, mientras la población de la provincia ha caído un 0,3%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Al principio, el Ayuntamiento mediaba entre propietarios y nuevos vecinos en función de las necesidades laborales del municipio y logró atraer a unas 70 personas hasta agotar la oferta de alquileres. “Solo quedaban las viviendas vacías a la venta”, cuenta el alcalde, Luis Calderón (PP). En 2024 se alió con Tutecho, una empresa que ya operaba en ciudades alquilando pisos a personas vulnerables a cambio de menor rentabilidad. En Paredes de Nava, Tutecho compra la vivienda y la alquila por debajo del mercado; las entidades sociales seleccionan a familias vulnerables y facilitan empleo; el consistorio avala y acompaña.

Así se instalaron el martes pasado los nuevos vecinos de Paredes de Nava, la familia Estrada, formada por el matrimonio peruano Alberto y Karen, ambos de 40 años, sus cinco hijos y la madre de ella. Los Estrada habían pasado tres años en un albergue de Madrid y se mudaron al pueblo apenas una semana después de que Tutecho comprara esa casa de dos plantas y cuatro habitaciones. “Es más tranquilo”, susurra Alberto. Seis días después de llegar, empezó como tractorista en una empresa agraria con contrato indefinido. Por primera vez en España, deja atrás los contratos temporales en Madrid como conductor de VTC. Por su parte, Karen se ha inscrito en un taller de albañilería y, si la admiten, percibirá el salario mínimo (1.200 euros) durante su formación.

Todos los engranajes parecen funcionar en Paredes de Nava y, en un año y medio, la asociación con Tutecho ha sumado unos 50 vecinos en 11 casas antes vacías. Otros ayuntamientos o empresarios han contactado a la socimi (sociedad cotizada de inversión inmobiliaria) para replicar el modelo. De momento, se ha concretado en diez localidades de hasta 5.000 habitantes, todas en Castilla y León. El balance hasta ahora, que la empresa ha presentado este lunes precisamente en Paredes de Nava, es de una veintena de pisos comprados y 89 personas empadronadas.

Pero si en la parte inmobiliaria la fórmula parece funcionar, replicar esa asociación público-privada en municipios con menos estructura o experiencia en repoblación puede complicarse en la fase final: encontrar empleo. Esto supone un gran reto en muchos pueblos. Según un estudio de Analistas Financieros Internacionales (Afi), solo el 56% de los afiliados a la Seguridad Social en localidades de menos de 5.000 habitantes son asalariados, frente a más del 80% en las ciudades. Y el paro en áreas rurales supera en casi tres puntos la media urbana (datos de 2021, el último año disponible). A esto se suma la mayor precariedad laboral que afronta la población inmigrante (que supone el 85% de los inquilinos de Tutecho), con sus propias trabas burocráticas para acceder al empleo.

La tormenta perfecta se nota a tan solo 50 kilómetros de Paredes de Nava, en Baltanás, otro municipio palentino. Con apenas 1.200 habitantes —los mismos que hace cinco años—, el proyecto de Tutecho cuenta aquí con cuatro viviendas que acogen a 11 nuevos vecinos de la localidad. Entre ellos, el matrimonio peruano formado por Alfredo Camus, de 37 años, y Nora del Rosario, de 33, junto a sus tres hijas. La familia se mudó desde Madrid hace tres meses.

Chófer en la capital, Camus no ha trabajado ni un solo día en Baltanás por problemas con su visado. La tramitación, alega, se le complica porque no tiene coche y no encuentra transporte que llegue a Madrid antes del cierre del consulado peruano, a las dos de la tarde. La presidenta de Tutecho, Blanca Hernández, admite haber escuchado “muchas quejas sobre la movilidad” y señala que la compañía ofrece un alquiler de coche sin coste para sus inquilinos. Pero mientras se resuelve el visado de Camus, el alquiler de la vivienda familiar —un piso de dos plantas y tres habitaciones— apenas se cubre con el sueldo de Del Rosario, quien trabaja a tiempo parcial en un bar.

La precariedad laboral y la despoblación son un círculo vicioso en la España rural, concluyó en octubre pasado la Comisión de Ciencia y Tecnología del Congreso de los Diputados, basándose en los datos del citado estudio de Afi: “El descenso de la población y la baja densidad demográfica desincentivan la inversión pública en infraestructuras y servicios como la movilidad, la educación o la sanidad. El peor acceso a la educación disminuye las oportunidades formativas y genera bolsas de trabajadores menos cualificados, lo que unido a la falta de inversión y a la despoblación promueve un escenario de precariedad y baja empleabilidad que empuja a emigrar”.

“A veces decimos: ‘No sé si hicimos bien en venirnos”, lamenta Del Rosario mientras mira los globos dorados que, pegados a la pared desde hace unos días, recuerdan la celebración del 15º cumpleaños de su hija mayor. En Madrid, la familia vivía apretada en una sola habitación de un piso compartido con otras dos. “El problema allá era encontrar vivienda, pero siempre teníamos trabajo”, añade la mujer.

Un inquilino del proyecto de Tutecho en Baltanás se marchó sin avisar el verano pasado, relata la alcaldesa de la localidad, María José de la Fuente (PP). Estaba recién llegado y todavía no había desplazado al municipio al resto de su familia. Lo habían asignado para cubrir una baja en una residencia de mayores. “Algunas personas realmente prefieren una vida más urbana”, justifica De la Fuente con pesar. “El reto es estabilizar a las personas aquí, tratar de ajustar las expectativas de los nuevos vecinos con los empleos aquí y trabajar un poco la integración para que esas personas permanezcan en el municipio y no sean aves de paso”, resume la alcaldesa.

El piso fue reasignado de inmediato y, según la presidenta de Tutecho, ese fue el único caso de abandono del proyecto. Sobre las dificultades laborales que puedan encontrar sus inquilinos, recuerda que la socimi “ayuda en la búsqueda de empleo, pero siempre de la mano del Ayuntamiento y de las entidades sociales”.

Una de las entidades sociales con mayor experiencia en el tema, Proyecto Arraigo, ha facilitado la llegada de más de 1.000 familias a pueblos de toda España durante sus 10 años de existencia, entre ellos Paredes de Nava y Baltanás, donde coincide con la iniciativa de Tutecho. Su director general y fundador, Enrique Martínez-Pomar, no se deja llevar por el pesimismo reflejado en los datos: “Siempre hay puestos, solo hay que buscarlos”, afirma. La entidad tiene una base de datos de 34.000 familias inscritas voluntariamente para ser asignadas a una localidad. “Si hacen falta panaderos, buscamos uno. Tenemos unos 60 en nuestra base”, señala Martínez-Pomar.

No todos los pueblos parten de la misma situación, como advirtió un trabajador social de Baltanás en los pasillos del Ayuntamiento. Este municipio dispone de un presupuesto mucho más limitado para las tareas de empleo y acompañamiento comparado al de Paredes de Nava. El pueblo de Camus y Del Rosario depende de la Diputación, mientras el de los Estrada es uno de los pocos en la provincia con un presupuesto propio, gracias a las ayudas directas del Gobierno destinadas a proyectos ya consolidados. A modo de ejemplo, y según los cálculos de Martínez-Pomar con respecto a la colaboración con Proyecto Arraigo, Baltanás comparte 160.000 euros con otros 40 municipios, mientras Paredes de Nava dispone de unos 40.000 euros solo para sí.

En el pueblo de los Estradas, donde todo parece ir bien, se inició hace un año la construcción de una fábrica de una empresa madrileña para convertir la semilla de girasol en energía. El proyecto generará alrededor de 100 empleos directos, estima el alcalde, además de los 200 operarios hoy en la obra. “Comen aquí y ya reactivan la hostelería”, celebra el alcalde. En uno de los restaurantes del pueblo, uno de esos obreros aconseja evitar el gigantesco plato de alubias: “Me lo planteaba, pero me entra el sueño y tenemos que trabajar por la tarde”, dice a su compañero.

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