El amigo de todos
Ahora que Carlos ha dicho adiós al tenis siento emoción y tristeza. Lo valoro como tenista. Ha sido uno de los grandes que hemos tenido, alguien que aportó algo distinto: un boom del tenis en España desde que llegó a la final del Abierto de Australia. Luego, como persona, para mí es un día triste porque tener un amigo cerca en los torneos y las giras más largas y duras ayuda muchísimo. Con Carlos siempre he tenido una relación excelente. Todos los momentos que hemos vivido juntos son inolvidables. Le agradezco todo lo que ha hecho por mí desde que entré en el circuito con 15 o 16 años, cuando era un enano. Era un pelín tímido y me hizo sentir uno más. Me ayudó muchísimo en todo. Tener a un amigo en momentos de nervios, complicados, para hablar con alguien de mucha más experiencia que yo me ayudó muchísimo.
Así empezó todo. Conocí a Carlos cuando yo tenía 12 años, en Stuttgart. Iba nervioso, como es normal, porque era alguien al que admiraba, al que veía siempre por la tele. El primer contacto con él me resultó extraño, complicado, como es normal en el niño, en el joven. Por suerte, Carlos es una persona muy fácil, abierta, que te hace sentir cómodo enseguida. Al siguiente día, aunque él había perdido, me dio la oportunidad de entrenarme con él una hora. ¡Con 12 años! ¡Qué oportunidad! Fue algo realmente impresionante para mí.
¿Qué me ha enseñado? Hablando, nada. Con su actitud, muchas cosas. Puedo hablar de su actitud hacia mí, que es un buen ejemplo. Tener a uno de Mallorca que está subiendo, que se pone a tu altura, como le pasó a él conmigo, para muchos no sería fácil de aceptar. Sería normal querer marcar un pelín la distancia. Ocurrió todo lo contrario. Siempre me apoyó y estuvo a mi lado en muchos momentos complicados. Su comportamiento en el tenis no está al alcance de todos. Se demuestra en todos los amigos que deja en este deporte. Se le recordará como una de las mejores personas del circuito. Se va un amigo de todos, uno que, dentro y fuera de las pistas, ha tenido un comportamiento excelente. Yo tengo suerte. Para mí, se va un compañero, pero mantengo al amigo.
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