Respeto
Canal + (del Grupo Prisa, como este periódico) estrenó anoche House of Saddam, o La casa de Sadam, una miniserie sobre el tirano iraquí. Fue coproducida en 2008 por HBO y BBC, es decir, lo mejor, con Showtime, que existe ahora en el negocio, y para el guión se utilizó una documentación exhaustiva sobre el personaje. Todo se centra en Sadam Husein, su familia y sus víctimas, y el relato adopta el tono habitual del subgénero mafioso, con mucha intimidad y mucha violencia. Salvando las distancias, vendría a ser un Goodfellas con gente uniformada. Con una diferencia: ni en el Sadam de esta serie ni en su entorno se percibe el más mínimo rasgo de humanidad. Probablemente el tipo era así, un execrable integral.
Conviene ver La casa de Sadam con la foto de las Azores a mano, y echándole de vez en cuando un vistazo; de lo contrario, se corre el riesgo de empezar a aplaudir la invasión de Irak antes de la mitad del primer capítulo.
Idealmente, la emisión de la serie debía haber comenzado hace unas semanas, para terminar ahora. Habría ayudado a mitigar, de alguna forma, la humillación que se nos inflige con la campaña electoral: resulta higiénico recordar que en algunos países las cosas están mucho, muchísimo peor. Me refiero a las cosas en general. En materia de propaganda política, dudo que exista un país democrático que se someta de forma periódica a tal cúmulo de tedio y mala baba.
No culpo a los políticos. Son, aunque no lo parezca, ciudadanos como los demás, y hacen, supongo, lo que creen que se espera de ellos. Si rompen las reglas del debate civilizado y del respeto a la opinión ajena será, sigo suponiendo, porque esas reglas ya no las respeta nadie en España. Si azuzan al Caín que llevamos dentro, será porque lo deseamos.
No hay nada que hacer, somos así. Ya lo dice el PP: Camps es el más honorable de los españoles. Imagínense cómo seremos el resto. Por suerte, y eso lo dice el PSOE, cuando Zapatero acceda a la presidencia de turno de la UE se producirá "un acontecimiento histórico planetario". ¿Lo dice en serio? Yo me conformaría con un acontecimiento histórico español. O incluso con menos: con que las campañas electorales duraran sólo dos días.
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