Diagonal
Ahí está, la pobre Diagonal, agazapada, como los políticos de los que hablaba Rafael Argullol en su columna del pasado día 24. La Diagonal no está. No sólo no está, sino que tampoco se la espera para ninguna fecha concreta. Cierto, la obra pública pasa por momentos políticos pésimos, pero refugiarse en el gazapismo, en el "preferiría no hacerlo", es pecado de lesa dejación de responsabilidades confiadas por el voto ciudadano. No hay como descender en bicicleta desde Francesc Macià hasta Glòries para percibir la indefinición en que se encuentra esta vía singular que la genialidad de Ildefons Cerdà introdujo en la trama ortogonal. Las aceras laterales son estrechas y peligrosas, el tráfico rodado pasa a muy poca distancia de las personas en zonas habitualmente congestionadas por la actividad comercial. Los dos paseos centrales, con su espectacular combinación de plátanos y palmeras, no satisfacen a nadie: el peatón va inseguro por los ciclistas, el ciclista va inseguro por los peatones y el quiosco, la parada del bus y el parterre en el que hacen sus cositas los perritos se hallan en medio de este absurdo fuego cruzado de inconvivencias.
La parte del león del espacio, por supuesto, se la lleva el tráfico motorizado: ocho carriles para los vehículos privados (dos centrales y dos laterales por sentido) contra dos carriles para los medios públicos. Así están las jerarquías. ¿No debería invertirlas un municipio que se reclama progresista, medioambientalista, pacifista y preocupado por el bienestar de las personas? Pues de momento no sabe, no contesta. Como tampoco se define sobre si el tranvía debe comunicar el Besòs con el Llobregat. La empresa que gestiona este servicio estaría dispuesta a adelantar la financiación de la obra. No sé a ustedes, pero a mí el tranvía me cae bien: es bonito, transparente, moderno, europeo. Y trae vida: los comercios de la Diagonal están atendiendo a nuevos clientes llegados de las áreas metropolitanas. Tras algún susto inicial, es de justicia reconocer que el tranvía se ha consolidado como un medio accesible, confortable y sostenible (requiere, además, inversiones mucho menores que el metro). Que este logro haya venido por el lado convergente, que patrocinó esta obra desde la Generalitat, no autoriza a que el consistorio actual se mantenga agazapado. La Diagonal necesita con urgencia salir del absurdo conflicto en que se halla. Por supuesto, dando prioridad a los más indefensos.
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