Racismo en los alquileres
"... Yo no soy racista, pero tendréis que reconocer que esta gente no es igual que nosotros...". Ésta es la frase con la que el pasado día 9 de julio de 2007 nos sorprendió a mi novio y a mí el propietario de un piso que pretendíamos alquilar. Fuimos a una agencia inmobiliaria para alquilar un apartamento. El agente inmobiliario nos informó de que tenía disponible un piso de 50 metros a 500 euros en Collado Villalba. Fijamos una cita para el día siguiente y poder ver el apartamento. Fuimos a verlo y nos gustó. Nos pidieron una señal de 525 euros. Pagamos. Nos dieron un recibo que aún guardamos. Después fuimos a la agencia y el agente se puso en contacto telefónico con el propietario para ver qué le habíamos parecido nosotros. El propietario dijo que le habíamos causado una buena impresión y que quería quedar al día siguiente con nosotros para formalizar el contrato. Hasta el momento, el dueño del piso no se había dado cuenta de que Miguel es chileno.
Acudimos a la cita con la documentación necesaria para formalizar el contrato de alquiler (contrato, nóminas y su DNI). Miguel lleva trabajando en la misma empresa seis años con un contrato fijo y ganando un sueldo de 1.400 euros. Pero el fallo fue que en lugar de un DNI español, le mostró su carnet de residencia. Cuando el dueño vio la nacionalidad de mi novio (chileno), dijo levantándose de la silla, horrorizado, que él "no quería tener nada que ver con esta gente", a lo que yo le pregunté si estaba insinuando que no le iba a alquilar el apartamento por ser chileno. Él me contestó que sí. Al ver nuestra cara de asombro me dijo que "tenía que reconocer que esta gente es diferente a nosotros".
Éste es sólo un ejemplo de la clase de humillaciones a las que se tiene que exponer una persona extranjera para conseguir un piso de alquiler, aunque sea evidente que se lo puede permitir. Después de ver todo esto, nos damos cuenta de la necesidad de los inmigrantes de acudir a "camas calientes", y también de vivir hacinados en pisos.
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