La cena del gorila

La verdad va abriéndose paso. A este ritmo, pronto todo se sabrá respecto a los vuelos secretos de la CIA y a las complicidades en distinto grado, desde la directa cooperación hasta la negligencia, por parte de los gobiernos y otras instituciones de la Unión Europea y de la OTAN. Ayer mismo un juez alemán ordenó la detención de 13 agentes de la CIA, que se añade a la lista de otros 23 perseguidos por la justicia italiana. La última y sensacional revelación ha sido la publicación del documento en el que se resume el contenido de una cena ya célebre, la que mantuvieron el 7 de diciembre de 2005 los ministros de los países que son miembros a la vez de la UE y de la Alianza Atlántica con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. El documento, del que dio cuenta la corresponsal de EL PAÍS en Bruselas, Ana Carbajosa, no ofrece lugar a dudas: nadie puede alegar ignorancia sobre estas prácticas abiertamente ilegales, que chocan con todas las convenciones internacionales sobre derechos humanos y sobre tortura, pero también con la convención de Chicago sobre aviación civil y con la soberanía y el derecho nacional de todos los países utilizados como escala o como base de actuación por parte de los comandos de secuestradores.
La cena fue la culminación de un viaje difícil para Condi, justo en el momento en que empezaban a conocerse las prácticas ilegales de la CIA. Antes de emprenderlo, leyó a pie de la escalerilla del avión una declaración sobre las entregas extraordinarias (extraordinary renditions) destinada a cubrirse desde el punto de vista legal y a preparar las conversaciones tormentosas que le esperaban. En síntesis, la secretaria de Estado reiteró a sus comensales, en un portentoso ejercicio de restricción mental, que todo lo que hacía EE UU era conforme a las leyes norteamericanas e internacionales. A la vez, reconoció que las circunstancias posteriores al 11-S requieren nuevos métodos antiterroristas y rechazó tanto la posibilidad de hablar sobre las actividades de los servicios secretos como de definir la tortura. Nadie olvidará su frase para enfrentarse al problema, recogida en el documento confidencial: "Hay un gorila de 800 libras sentado en el comedor".
La comisión de investigación del Parlamento Europeo, cuyo ponente es el italiano Claudio Fava, asegura que la cena "confirma que los Estados miembros tenían conocimiento de las entregas extraordinarias, y a la vez que sus interlocutores oficiales para la comisión de investigación han suministrado información inexacta sobre este asunto". El informe Fava, que llegará al pleno la semana próxima, proporciona una notación bastante precisa y desoladora sobre el grado de colaboración de los gobiernos e instituciones en la investigación, así como de los documentos y de las reuniones que han sido secuestrados al escrutinio. Nos enteramos, por ejemplo, de que en la reunión del 4 de octubre de 2001 del Consejo Atlántico, en la que se decidió activar el artículo 5 del Tratado en solidaridad con Estados Unidos, se acordaron actuaciones que pueden tener relación con las actuaciones ilegales de la CIA en territorio europeo. La activación por primera vez en la historia de la Alianza del artículo 5, que desencadena la solidaridad de los socios cuando uno de ellos es atacado, ha sido esgrimida por buena parte de la izquierda europea como muestra de que su condena de la guerra de Irak no tiene nada que ver con el antiamericanismo.
Dos comités de trabajo del Consejo de Ministros de la UE, uno sobre derecho internacional y otro sobre relaciones transatlánticas, por ejemplo, han mantenido reuniones reservadas con representantes del departamento de Estado, sobre el marco común de entrega de sospechosos de terrorismo. También lo ha hecho el coordinador de la UE sobre terrorismo, Gijs de Vries. En el caso de España, las escalas de estos vuelos secretos, documentadas sobre todo en Mallorca, se explicarían por la reforma del convenio bilateral de defensa entre Estados Unidos y España, firmada por Aznar y Bush el 10 de abril de 2002, que "legalizó por primera vez la presencia en España de los servicios de inteligencia de la armada y la fuerza aérea de Estados Unidos", esta vez según el libro Cia Airlines (Debate), de los periodistas del Diario de Mallorca y pioneros en la investigación española de este escándalo Felipe Armendáriz, Marisa Goñi y Matías Vallés. El contenido del documento tampoco se conoce, según los autores, aunque aseguran que llega "hasta extremos impropios de un Estado de derecho". Hay algo que no ofrece dudas: es un gorila. Y apesta.
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