Grecia elimina a una Francia infame

Viendo partidos como éste uno se pregunta a qué vienen cierto equipos al Mundial. Tras siete partidos, Francia se va por donde vino sin haber dejado nada para el recuerdo. Ni siquiera la coartada de haberse quedado sin Tony Parker pocos días antes de comenzar el torneo justifica una actitud como la mostrada por un equipo superlativo en fuerza física y también en su desaprovechamiento. Ver esos cuerpos atléticos y elásticos desperdiciados por una mezcla de apatía, falta de cohesión y mínima inteligencia en el juego fue desesperante.
El colmo llegó en un partido difícil pero accesible para ellos, sobre todo si comparamos su rival griego con los otros tres semifinalistas, España, Argentina y EE UU. Sin hacer nada del otro jueves, Grecia dominó de cabo a rabo, andando, apretando lo justo en defensa. Vivió una plácida tarde, pues los franceses se despeñaron solitos. Porcentajes por debajo del 30%, errores infantiles, nulidad para encontrar alguna opción recomendable de juego, todo fue un auténtico desastre. Nada de lo que ocurría parecía ir con ellos. Ni un gesto, ni un arranque de genio, ni una mueca de desesperación. Tampoco el entrenador francés estuvo muy fino, al colocar de base a Boris Diaw, el único con categoría como para desatascar aquello, pero que anda lejos de asumir el rol de líder que dejó Parker.
GRECIA 73 - FRANCIA 56
Grecia: Hatzivrettas (5), Diamantidis (13), Kakiouzis (0), Fotsis (14), Papadopoulos (14); Spanoulis (11), Papaloukas (4), Tsartsaris (2), Schortsanitis (10) y Vassilopoulos (0).
Francia: Jeanneau (8), Gelabale (12), Diaw (9), F. Pietrus (6), Weis (2); Diarra (0), M. Pietrus (5), Turiaf (4), Gomis (3), Bokolo (7) y Foirest (0).
Árbitros: Facchini (Ita.), Vázquez (Pu.) y Aylen (Aus.).
Unos 12.000 espectadores.
1º CUARTO 12-8
2º CUARTO 22-16
3º CUARTO 19-19
4º CUARTO 20-13
De Grecia, poco que decir. Trabajó lo justo, buscó a Papadopoulos, su pívot titular, un jugador con un estilo tosco pero que si te dejas llevar por su aspecto de descargador de muelle en el puerto de Atenas te va a hacer un roto. De hecho a los saltarines franceses les enseñó que a veces, el baloncesto no es salto de altura. Y con poco más de eso llegó Grecia a la semifinal de un Mundial.
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