Vigencia de un estilo
Como prólogo del festival vitoriano Azkena Rock, que les tendrá como invitados importantes en su edición de este año, estas dos formaciones, representantes de la ortodoxia del rock y su vigencia en tiempos tan duros como éstos se dejaron caer por Madrid para presentar sendos nuevos elepés en los que la revisión del pasado toma diferentes formas.
Primero actuaron los bilbaínos Athom Rumba, quienes ya dejaran buen sabor de boca en la pasada edición de Festimad. Difíciles de etiquetar, su música comenzó siendo pálido reflejo nacional de los vanguardistas Jon Spencer Blues Explossion, con el añadido de influencias insólitas como Contortions, Honeymoon Killers o Pussy Galore, para pasar a establecer un camino propio en el que la fórmula del rock se mezcla con el músculo del funk, dando resultados cuando menos originales. Presentaban en directo su cuarto disco, Backbone ritmo, aunque deleitaron a su público con revisiones de sus propios clásicos, como Funky town, e incluso versiones de vacas sagradas como Flaming Groovies, de quienes adaptaron Evil Hearted Ada. Con un cantante carismático, una sección rítmica incansable y un teclista bailón, la banda regaló a sus fieles una actuación caliente, si bien a quienes no son tan fanáticos les planteó cierta duda acerca de si su propuesta no planea excesivamente sobre lo que ahora se considera cool dentro del rock cañero, siendo susceptible de quedar pasados en cuanto cambie el viento.
Atom Rumba y Diamond Dogs
Sala Divino Aqualung. Madrid, 17 de junio.
Quienes no tienen en absoluto este problema, porque su viento cambió hace varias décadas, son los suecos Diamond Dogs, pertenecientes a una saga de grupos compatriotas -Wilmer X o Hellacopters, entre muchos otros- que tratan de capturar las esencias del rock de toda la vida. En el caso de Diamond Dogs, que toman prestado el nombre de uno de los mejores discos de Bowie, resulta asombroso lo mucho que recuerda su cantante solista, Sulo Karlsson, al Rod Stewart de los años setenta. Además, musicalmente el solista se ve arropado por una formación de tintes clásicos. Aunque lo cierto es que That's the juice I'm on, su último disco, no parece destinado a hacer temblar las estructuras del rock, también es verdad que con su propuesta, que alguien calificaba de rancia, divirtieron a buen número de espectadores que supieron agradecer el esfuerzo de estos suecos.
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