Café con leche

Ya saben el guión de esta atractiva película: con su primer disco en solitario, producido por el gran Gustavo Santaolalla, el colombiano Juanes fue el vencedor moral de la última edición de los premios Grammy Latinos, sólo superado en trofeos por la apisonadora Alejandro Sanz. Muchos leyeron los resultados como un desplazamiento de la industria hacia el concepto del rock latino que defiende el argentino Santaolalla en su internacionalista proyecto Surco.
Su concierto de presentación en Madrid coronaba una ajetreada visita promocional por España y convocó a un nutrido público que, al menos al 50%, representaba a la Colombia más hermosa y entusiasta. Acudieron numerosos invitados de Universal, la compañía que distribuye el sello Surco, pero también abundantes disqueros de otras multinacionales.
Juanes
Juanes (voz, guitarra), Juan P. Villamisán (guitarra), Chelito de Castro (acordeón), Alejandro Peláez (teclados), José Lopera (batería), Felipe Alzate (percusión). Sala Arena, Madrid. 20 de noviembre.
El cantante de Medellín conecta con gente de la calle y con profesionales encallecidos. Otro asunto es que la oferta de su directo mantenga el entusiasmo generado por los citados premios. El problema puede ser de imagen: a pesar de sus impecables credenciales rockeras, el Juanes actual tiene poses de cantante melódico que ha decidido endurecer su sonido, bañarse en grunge visual y añadir mensajes políticamente correctos.
Pero hay algo más preocupante, la indefinición musical. Juanes oscila entre ese temible concepto que es el pop-rock sin denominación de origen y el rock que muestra orgulloso sus raíces. Sube la temperatura cuando aparece en el escenario el acordeonista Chelito de Castro (todo un lujo, el colaborador del gigante Joe Arroyo) o cuando Juanes se suelta por vallenato para presentar a sus músicos.
Cierto que el sector colombiano del respetable acepta ambos polos. De hecho, algunos de los momentos álgidos del concierto corresponden a Sin rencores, La tierra y Solo, éxitos de su etapa como miembro de un grupo de rock. Y es que las letras de Juanes tienen una resonancia especial para aquel traumatizado país: su Fíjate bien utiliza el peligro de las minas antipersonales como metáfora para la vida y el amor. Otra realidad, otra música para curar las heridas.
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