Reportaje

Tras leer el dato, mi instinto de periodista dio un salto. Según el anuario de La Caixa, el municipio más pobre de España era Sanlúcar de Barrameda. Tomé un avión (una hora de retraso), y al poco estaba en condiciones de informar sobre la pobreza desnuda, rotunda, abismal. Me guió un erudito cuya identidad no debo revelar y que se llama Alberto. Lo que vimos parte el corazón.
Para empezar, no hay ni un mendigo. No pueden pedir por la calle, ya que todo el mundo va en coche o en moto. Ni en los restaurantes, tascas y bares (uno cada diez metros), en donde no cabe un alfiler. Allí se dan escenas patéticas. Miles de sanluqueños comen jamón de paletilla, tortilla de camarones, papas aliñás, rape, corvina y acedías para engañar el hambre. Y lo peor de todo: ancianos, mujeres y niños, acompañados por varones degenerados, son inducidos a comer toneladas de langostinos. Era espantoso oír el llanto de las criaturas. En estos asilos, como uno llamado Casa Bigote, no hay mesa hasta dentro de un mes. Abundan locales similares a los de sor Teresa de Calcuta, gracias al buen corazón de las órdenes religiosas, como los temibles refugios de la plaza del Cabildo, en donde la muchedumbre se ve obligada a beber manzanilla para poder ingerir los chocos, las pijotas, el cazón, las ortiguillas o las coquinas. Dantesco. Conmovidos, y para ayudar a los menesterosos, tratamos de sacar dinero de alguno de los cientos de cajeros automáticos que adornan las calles, pero había tales colas que no pudimos ni acercarnos. Entonces, mi guía se derrumbó. Al parecer, una casita que había comprado hace cinco años ha multiplicado su precio por diez. Le consolé como pude mientras contemplaba el sinnúmero de grúas que se alzan en la ciudad, signo evidente de su decadencia. Logré secar sus lágrimas y seguimos bebiendo manzanilla de las bodegas Barbadillo, que están allí mismo y se cuentan entre las mejores de Europa. Le consolé debidamente, porque no recuerdo muy bien cómo logré regresar a Barcelona.
Como Girona, que es el primero, ya me lo sé, ahora quiero visitar Pozuelo de Alarcón, el segundo municipio más rico de España, según La Caixa. Aquello sí que ha de ser el jolgorio cósmico.
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