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Fuera de juego

La Constitución italiana no prevé ninguna limitación por lo que atañe a los derechos civiles. Ni siquiera para Silvio Berlusconi, que, además de líder de la oposición y presidente del Milan, es un entendido de fútbol, por lo menos tanto como el resto de los 50 millones de compatriotas suyos. Lo que no quita que Berlusconi, al realizar un ataque frontal a Dino Zoff, haya cometido un error (...) político. Antes de que se fuera a la Eurocopa, ésta era una de las selecciones nacionales menos amadas de la historia. Pero tras la victoria contra Holanda, y sobre todo tras el partido en Rotterdam, a pesar de la derrota o precisamente por cómo se produjo, pasó algo que no ha pasado inadvertido para quien conoce la estrecha relación que existe en determinados momentos entre fútbol y política. Por obra de magia, tanto la selección nacional como su entrenador conquistaron el corazón de los italianos. ¿Es posible que el único que no se percató de este cambio haya sido el propio Berlusconi? Los adversarios del Cavaliere habrían podido y debido aprovecharse con júbilo de este inesperado autogol. Pero no. El coro de las protestas se ha alzado alto entre la izquierda y el centro, pero de forma chirriante.

Quien ataca a Zoff ataca a nuestros valientes muchachos. Quien ataca a nuestros valientes muchachos dispara a traición contra 22 millones de italianos. Quien dispara a traición no está legitimado para gobernar un país. Quizás el centro-izquierda italiano, que, al jugar a la manera italiana, está más perdido que Zoff, ha encontrado a su candidato para primer ministro.

Paolo Franchi

Milán, 5 de julio

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