El periodista que denunció las mafias de la Amazonia fue secuestrado para evitar la publicación de un reportaje
Klester Cavalcanti, uno de los más conocidos reporteros del semanal brasileño Veja fue secuestrado, amenazado de muerte y dejado atado a un arbol en medio de la selva, en la ciudad de Belem, durante los días de carnaval, para impedir que pudiera publicar un nuevo reportaje sobre un grupo mafioso que actúa en la Amazonia y que es propietario -bajo el nombre falso de Carlos Medeiros- de un territorio de 120.000 kilómetros cuadrados, un espacio equivalente al de la superficie de Portugal y Bélgica juntos. La revista Veja, que ha difundido la noticia del secuestro, ha querido publicar, con la aprobación del autor, el reportaje que Cavalcanti llevaba preparando durante cuatro semanas y para el que había conseguido entrevistar a algunos de los miembros de la mafia tras la que se esconde el imaginario propietario Medeiros. La dirección de la publicación ha agradecido a las autoridades brasileñas la protección oficial ofrecida al periodista, pero ha anunciado que éste último ha sido trasladado desde la redacción de Belem a un lugar desconocido.
Durante la preparación del reportaje, Cavalcanti recibió varias amenazas telefónicas, incluso de muerte, para que dejara "de ir a la búsqueda de fantasmas", si no quería, decía la voz anónima, "convertirse tambien él en otro fantasma". El reportero siguió con su trabajo pese a dichas amenazas, hasta que durante los últimos carnavales fue secuestrado por un grupo de personas armadas, que portaban disfraces propios de las fiestas.
El primer "aviso"
Con una pistola en la sien, fue obligado a introducirse en un coche, Tras una hora de camino por la selva le ataron a un árbol y le colocaron un saco de plástico en la cabeza, repirtiéndole que dejara de ir "a la caza de fantasmas" y que aquello "era sólo el primer aviso".
El periodista, después de morder durante horas las cuerdas que le amarraban, consiguió liberarse. Cavalcanti recuerda una conversación curiosa entre los disfrazados que lo llevaban en el coche hacia la selva . Uno de los encapuchados le preguntó al jefe de la banda: "¿Puedo atarle las manos, sargento?". El supuesto sargento respondió: "Átaselas y cierra esa boca".
Cuando hace unos meses, el gobierno brasileño anuló cientos de títulos de propiedad de otros tantos colonos en Amazonia, resultó que la mitad de los 422 documentos anulados en el estado de Pará estaban a nombre del famoso y superdesconocido Carlos Mereiros. El periodista secuestrado estaba investigando precisamente quién -o quiénes- se esconde bajo ese nombre ficticio.


























































