Volver
Las vacaciones tienen de bueno que ayudan a poner distancia sobre las cosas. La distancia garantiza la mirada serena sobre lo urgente y suele llevar a la virtud, tan valorada por algunos, de la objetividad. Sin embargo, volveré a escribir subjetivamente porque acaso eso se espera siempre de quien escribe. El que busca una opinión la quiere de su lado, se reconforta en la coincidencia y disfruta sintiendo que la voz de otro es en realidad su eco. Pero hay más, a pesar de soñar con capacidades angélicas de objetividad, algunos en realidad no consideramos ese factor como un valor en sí mismo: la objetividad es inhumana, es decir no humana, demasiado perfecta, decididamente sospechosa. Ser objetivo puede querer decir ser capaz de entender cualquier cosa y justificarla con todo tipo de argumentos sobre las circunstancias en las que se produce. A pesar de que las vacaciones me han dado para reflexionar sobre el valor de la distancia, sigo sospechando de la objetividad y creyendo únicamente en la honestidad, que es esa característica que no permite otra cosa que decir en cada momento lo que se piensa, aunque unos lo quieran utilizar en su beneficio y otros lo apunten como agravio. Volver es siempre bueno, es sentir de nuevo el orden de las cosas y el calor de los afectos cotidianos. Me encuentro en este lugar del periódico con el rastro de mí misma, piso la arena y dejo la primera huella de este nuevo periodo. Todo lo que escriba será como lo que podría escribir cualquiera de todos los que no pueden hacerlo en un lugar como éste y sin embargo les gustaría poder opinar sobre las cosas que pasan. No me queda espacio y casi me alegro, porque estaba dispuesta a empezar certificando la subjetividad más calurosa y desmesurada, escribiendo sobre el nuevo espectáculo Gil. Tiempo habrá porque amenaza con "ilustrar" nuestro presente hasta que entre todos, por supuesto los políticos primero, seamos capaces de acabar con tanta zafiedad. Contra Gil, cultura. Que lo sepan los políticos. Me gusta volver.MARÍA ESPERANZA SÁNCHEZ
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