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Los sindicatos, las primeras víctimas

Acusados de enriquecerse y mangonear a su gusto las cuotas de los afiliados, los dirigentes de la hasta ahora poderosa Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), que agrupa a unos 3.000 sindicatos y organizaciones gremiales de todo tipo, se perfilan como las primeras víctimas del celo revolucionario a lo Robespierre de la Constituyente.Un texto preparado por el presidente de la convención, Luis Miquilena, y sus dos vicepresidentes decreta la disolución de la CTV y la prohibición a sus directivos de abandonar el país, sin mediar la resolución de juez alguno, y la medida no fue aprobada ayer por la duración imprevista de la sesión en la que se declaró la emergencia nacional. Pero pocos dudan de que se despache el martes, día en que se reunirá de nuevo la convención.

El texto contempla también la incautación del patrimonio sindical, según el punto cinco del decreto, filtrado el miércoles por la noche: "La Asamblea será, como medida precautelativa, depositaria de los bienes y recursos de las organizaciones sindicales". Alentados por la noticia, cientos de seguidores de Chávez ocuparon ayer la sede de la CTV, anticipándose a la purga, y los sindicalistas alertaron del peligro que corren a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), según las fuentes consultadas.

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