Un espacio propio
Cada tarde, de lunes a jueves, una veintena de mujeres gitanas de Pan Bendito acude a los cursos de costura y alfabetización del secretariado en un modesto local de la colonia Velázquez. Rosario, de 39 años, es una de ellas. Con tres hijos y un padre mayor a su cargo y sin la ayuda de su marido, "que a veces está y otras no", esta mujer solicitó a los servicios sociales el ingreso madrileño de integración. "Me lo dieron, pero con la condición de que fuera a una escuela de padres", explica. "Aquello era horrible, me aburría", añade.
En los servicios sociales notaron su hastío y le propusieron el curso de costura y alfabetización. "Y esto es otra cosa, me gusta aprender a coser, pero, sobre todo, las clases de matemáticas, porque leer y escribir ya sé", apostilla. Chelo, de 31 años, desea aprender a leer y a escribir porque está harta de que le tengan que rellenar los formularios oficiales. Algunas de estas alumnas reconocen que al principio iban al curso sólo para que les dieran el salario social. Pero entre puntada y puntada han creado un espacio propio al que se han ido enganchando. Estudian, cosen y comentan sus problemas y dudas.


























































