Otro fundamentalismo
En un artículo titulado Libertarios y psicópatas (del 21 de mayo), Mario Vargas Llosa explica la colocación de la bomba que causó más de cien muertos en un edificio gubernamental de Oklahoma, como "una exacerbada deformación, un forúnculo nocivo, de un movimiento de raíces profundamente democráticas y libertarias, que, inspirado en la mejor tradición de Estados Unidos, quiere emanciparse de un intervencionismo estatal creciente que ha ido asfixiando la iniciativa individual", para terminar calificando a la hecatombe de Oklahoma de "una hijastra de la libertad". Quien crea que el único fundamentalismo peligroso en los tiempos que corren es el fundamentalismo islámico, puede encontrar en este artículo un excelente ejemplo de fundamentalismo liberal. Es verdad que Vargas Llosa condena sin paliativos el atentado. Pero también lo es que su condena se limita al exceso de los medios empleados, justificando claramente su intención y sus objetivos, hasta el punto de suponer que los asesinos que perpetraron semejante barbaridad lo hacían impulsados por sus ansias -desviadas, eso sí- de libertad. Cualquier persona libre del dogmatismo liberal del escritor puede comprender que la intención última de estos atentados no se dirige a la defensa de la libertad, sino a la imposición de las propias ideas al resto de la sociedad, y que si atacan al Estado es sólo porque éste constituye un freno a sus propias pretensiones.Desde luego, el mundo de Vargas Llosa es más sencillo: el Estado es malo y la libertad individual es buena, y este esquema le permite explicar todos los conflictos del mundo en que vivimos. En este artículo se muestra claramente el fondo del fundamentalismo liberal: los ataques al Estado no están motivados por deseos de libertad, sino porque el poder público constituye un límite -muy relativo, por supuesto, y más en el caso de Norteamérica- a otros poderes infinitamente peores.-
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