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Nórdicos

Ante El sexólogo caben dos puntos de vista. El primero es administrativo y sin vuelta de hoja: si los responsables del Ente aprobaron unos guiones que Mariano Ozores ha realizado, en consonancia, la pura supresión de un producto legal evaluado en 390 millones no es admisible; o ese dinero público es devuelto por quien corresponda a aquellos a los que se ha sustraído (en dos bandos: los que querrían amortizar el gasto viendo la serie, y los que, rechazándola, la han costeado igualmente) o las altas cabezas de TVE han de rodar por el suelo, sin merma de que respondan ante una comisión que dictamine si hubo incompetencia grave, negligencia culposa o sometimiento cobarde a una opinión política que no comparten.Y puede verse El sexólogo antes de su cancelación (yo pillé un capítulo y medio): como un flagrante caso de hipocresía de la buena conciencia progresista. Entendería las protestas si este país fuese Dinamarca. ¿Nadie se ha dado cuenta de que en España algo huele a podridon? La comedia de Ozores es deleznable: de parecido gusto, y lenguaje a sus películas, que TVE emite a menudo, a otras se ries del Ente más políticamente correctas pero igual de estereotipadas, a la infecta pieza de Lina Morgan que vimos por la Primera en un este lar horario navideño, a los reality shows que comercian con otra forma de humillación humana, a los deformantes culebrones que ahora, si mis datos son correctos, TVE no sólo programa, sino coproduce. ¿Por qué no denuncian la ministra Alberdi y la diputada Rahola esos programas o el tratamiento esperpéntico de los homosexuales en muchos medios de comunicación? Los Ozores pagan los vidrios rotos de un espejo que es fino no mirar: el de una España donde el sexismo más grosero es aplaudido si tiene un Nobel o asoma en el umbral de los columnistas tenidos por pilares del periodismo.

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