El triunfo de la melodía
Sorprendente es ya, de entrada, la inusitada expectación previa que había levantado el estreno mundial de un nuevo título operístico. Pero mucho más el rotundo y contundente éxito final: más de 10 minutos de aclamaciones generalizadas con el público puesto en pie.Mikis Theodorakis (1925) había hecho una incursión en la ópera hace cinco años con Kostas Kariotakis, basada en la vida y obra del poeta griego, con libreto del propio compositor. Con Medea, Theodorakis respeta la esencia y construcción del drama de Eurípides (traducido al griego moderno) y sus valores textuales y teatrales. Aquí ya surgen los primeros problemas: convivencia entre las características de la obra original (exposición, nudo, desenlace) y la traslación al teatro cantado con tiempos lentos de desarrollo; correspondencia entre un escenario circular y un teatro a la italiana; compatibilidad de lenguajes (literario, musical) antiguos y modernos.
Medea
De Mikis Theodorakis, a partir de la obra de Eurípides. Con K. Ikonomu, S. Tersakis, K. Pasjalis, F. Vutsinos, A. Papadyaku, M. Marketu, S. Beris y J. T. Hernani. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director musical: Lucas Karitinos. Director escénico: Luis Iturri. Escenografía: Carlos Cugat. Teatro Arriaga. Bilbao, 1 de octubre.
Escénicamente, el planteamiento consiste en yuxtaponer un edificio griego de corte clásico con una doble galería moderna transparente, complementándolo con unas gradas laterales que hacen el efecto de teatro griego. Teatro, pues, dentro del teatro, y posibilidades espaciales para acciones paralelas y composición de cuadros plásticos (muy bellos, bien iluminados). Las servidumbres del coro (más de 100 integrantes) limitan, no obstante, el espacio básico, pero el coro es, en la tragedia griega y en Theodorakis, absolutamente fundamental (estupendo el de la Sociedad Coral de Bilbao, preparado por Gorka Sierra).
La gran baza, de gran acierto, de Theodorakis es la melodía. La orquestación de Medea es limitada, monótona, un tanto tosca: la duración (más de tres horas de música neta) pesa. La continuidad dramática carece en algunos momentos de articulación y contrastes: falta tensión. Sin embargo, la fuerza melódica es arrolladora.
Bordó su papel, dentro de un reparto vocal equilibrado y notable, Katherina Ikonomou como Medea. El único pero fue su inaceptable peinado: moderno, recién salido de peluquería. Medea no es un drama de salón.
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