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Tribuna

El que avisa no es traidor

Razón tenía el ministro de Economía en funciones en alertar al mundo de la inversión sobre lo que se le venía encima, aunque el buen momento que atravesaba la bolsa obligó a los inversores a suavizar sus expectativas y a situar el repunte de la inflación por debajo del 1%. El carácter semifestivo de esta jornada favoreció la asimilación de este mal resultado, pues los escasos asistentes se limitaron a suspender sus proyectos compradores y a dejar el resto como estaba. Las conclusiones que se pueden sacar de esta reacción no son del todo negativas, ya que nadie se planteó la venta de sus títulos o el abandono de posiciones.Desde primeras horas, el mercado disfrutó de la tranquilidad que da la ausencia de órdenes agresivas, es decir, los inversores se habían limitado a completar actuaciones anteriores y, en pocos casos, a tomar alguna posición de última hora. Frente a esta actitud se mantuvo el interés, muy selecto, de la inversión extranjera por algunos valores, en ocasiones aprovechando diferencias en el cambio de divisas y otras veces por el valor en sí mismo. La reacción más frecuente de los poseedores de papel fue la de atender la demanda a los precios más altos conseguidos en los corros, independientemente de que el cambio de cierre se hubiera inclinado a la baja.

Los bancos tampoco aportaron nada nuevo a una sesión que deja para el lunes la resolución de los temas pendientes, sobre todo el descuento, o no, de un IPC que se niega a atender a razones.

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