¿Incompetencia o ligereza?
"Algo no marcha cuando el presidente no sabe lo que ocurre en los sótanos de la Casa Blanca". Esta declaración de Robert Byrd, líder de la nueva mayoría demócrata en el Senado, marca el tono de la atmósfera de crisis que reina en Washington. Pero compararlo con el drama vivido hace 10 años bajo la presidencia de Nixon parece excesivo. Acostumbrado más a reinar por el encanto de un verbo elocuente que a gobernar, Reagan se encuentra solo para afrontar una prueba que, tras las primeras revelaciones, adopta la envergadura de un escándalo político de primera magnitud. El sistema norteamericano es demasiado exigente, en el plano de la moral política, hacla sus dirigentes para que Reagan pueda confiar en sustraerse a sus reglas.27 de noviembre


























































