Debate del aborto
Se recrudece en estos días la campana en favor del derecho al aborto. La actitud comprometida con todos los derechos humanos (progresista, izquierdista o como quiera llamarse; es indiferente, mero nominalismo) no puede permanecer indiferente en esta cuestión, porque permitir que el seno materno se convierta en el lugar más peligroso para la vida del individuo de nuestra especie, consecuencia de un pretendido derecho a decidir sobre vidas ajenas, choca con la rasga-Pasa a la página siguiente Viene de la página anterior
dura de túnicas frente a otras violaciones de derechos humanos.
Por ello, el único argumento válido frente a este absurdo sólo puede residir en la negación del carácter humano a los no nacidos y, por tanto, disminuidos en sus derechos o carentes de los mismos.
Pero semejante discriminación, practicada por muchos bien pensantes y mentes con la apariencia de rigor, no es cualitativa mente distinta de otras pasadas y presentes.
Por su culpa, individuos humanos vieron conculcados sus derechos por el mero hecho de ser distintos al discriminador: es clavos, negros, judíos, mujeres, infieles, homosexuales, inválidos y un largo y triste etcétera.
Se habla del problema social de los abortos clandestinos. Existe. También existen muchos que quisieran interrumpir la vida ajena y muchos que lo consiguen (parricidas, violentos, guerreros, fanáticos, celosos y otro largo y triste etcétera), pero no puede solucionarse cohonestando -sus acciones.
No se trata de juzgar actos individuales, sino de rechazar en abstracto la legitimidad del aborto por pura coherencia lógica. Claro que si los no nacidos pudieran ejercer presión social, la mayoría de los proabortistas no precisaría de este esfuerzo de la rzón, pues dejaría su postura de pura vergüenza y horror-


























































