Kirkpatrick y el aborto
La decisión del Tribunal Constitucional sobre la ley del aborto nos lleva a la conclusión de que abortar en España es rigurosamente anticonstitucional, pero en cambio si una española aborta en Londres refuerza el sentido profundamente democrático de nuestra Constitución. No es el primer caso en el que el pecado es esencialmente geopolítico. Por ejemplo, en los años sesenta tratar de verle el culo a Marlon Brando en El último tango en París no sólo era imposible porque no dejaban entrar la película, sino que además era atentar contra uno de los Principios Fundamentales del Movimiento (me parece que el 33). En cambio te ibas a Perpiñán y podías ver tan ricamente el culo de Marlon Brando incluso en compañía de magistrados del Supremo.Es decir, entre pecar o no pecar había una cuestión de poder adquisitivo, como ahora. Si te puedes pagar el viaje a Londres tu aborto hasta puede salir en Hola, y si no, pues aborta como puedas chica, con perejil, aguja de hacer calceta o rascafetos ibérico incontrolado. Esta toma de decisión es una victoria importante de la derecha, importante por su sentido y también porque se parece a las victorias que siempre ha tenido en el terreno de una moral basada en la doble conducta.
Mientras el Tribunal Constitucional enviaba, metafóricamente, a nuestras abortantes con posibles a Londres, el señor Kirkpatrick se iba a Roma a agradecerle a Su Santidad los servicios prestados vía Espíritu Santo, iluminador de las conciencias del Tribunal Constitucional. Y de paso el señor Kirkpatrick, para dar ejemplo a los que van Londres a abortar, fue a Roma a dar a luz, en compañía de la reserva espiritual de Occidente: los Le Pen, Almirante y compañía. Y dio a luz lo que tantas veces trató de parir en el Congreso sin que nadie le dejara: un bebé antiargelino, antimasónico, antisodomita, anticomunista y antiabortista que nada más nacer se encaramó sobre las rodillas del cíclope Le Pen y recibió como regalo un Buchenwald de juguete con su cámara de gas para argelinos con instalación de gas natural. ¡Así, así gana Kirkpatríck!
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