Bofill y Andalucía
Contesto indignado a la carta de la señora/señorita Mercedes Cucurny publicada el sábado 4 de febrero, no por ser una excepción, sino por ser la regla del sentir de casi todo el pueblo catalán. La mala información de la remitente es clara, cosa lógica por otra parte, ya que la distancia hace que lleguen las noticias muy tergiversadas. En Andalucía, y más concretamente en Sevilla, no se discuten las magníficas cualidades técnicas y profesionales del señor Bofill, pero acaso desconoce la señora/señorita Cucurny las declaraciones del admirado arquitecto manifestando la no tenencia en cuenta del entorno, y la poca influencia que ejercerá éste sobre él. ¿No es entonces razonable el rechazo?No creo que esta oposición sea injusta, ni poco pragmática, ni anticatalana, sino más bien todo lo contrario; existiendo además numerosos arquitectos andaluces que se sentirán plenamente identificados con el entorno y con el estilo arquitectónico de la ciudad.
Siguiendo con la información reflejada en su carta, he de comunicarle que el señor Bofill no es todavía, y esperemos qué no lo sea, comisario de la Exposición Universal de 1992; es un simple candidato del señor Yáñez, sevillano él, por si lo desconoce usted; mientras que la Junta de Andalucía presentará el suyo, asumiendo la responsabilidad de la designación del Gobierno del Estado en su Consejo de Ministros.
Si el Gobierno Central ratifica la decisió n del señor Yáñez deséstimando la dé Rafael Escuredo, ¿podrá sentirse Ricardo Bofill legitimado para la realización de tan magno proyecto; a sabiendas de la oposición del Gobierno andaluz elegido por todos los andaluces?
Creó que no debe, a no ser que su orgullo como profesional de la arquitectura pueda más que su orgullo como persona.
Continuando con el comentario de su infortunada carta, el ejemplo de pragmatismo que enorgullece tanto a su pueblo no es aplicable a este caso, ya que previamente ha existido un concurso oposición en el que cada grupo ha presentado su trabajo, teniendo la última palabra respecto a la adjudicación del proyecto el pueblo. Como puede verse, no existe paralelismo en los ejemplos, razón por la cual nadie se ha rasgado las vestiduras por la designación de un taller madrileño para la construcción del monumento a Maciá. Sin esa votación ya veríamos dónde quedaba su famoso pragmatismo catalán. /
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