Todo es broma
Un genio en apuros.
Guión y dirección: Josep Comerón. Intérpretes: Eugenio, Agustín González, Julieta Serrano, Canne Carbonell, Juanjo Puigcorbé, J. L. López Vázquez.
Estreno en cine Capitol.
Josep Comerán ha explicado que su película no quería utilizar a Eugenio para que contara chistes, sino introducir al humorista en un mundo caótico, buscando el contraste entre la flema del personaje y el desenfreno de las situaciones a las que se veía arrastrado. El propósito es sensato,_tanto como lo hubiera sido la opción contraria o el convertir a Woody Alien en enxaneta de un grup casteller o en pelotari. Eso es sólo una idea, un punto de partida, y le que cuenta es lo que se hace a partir de él. Y lo cierto es que Comerón- no ha ido mucho más allá, limitándose a proponer una peripecia policiaca entremezclada con un folletín, de escasa consistencia.
Sobre el papel, alguno de los gags o de las ideas son divertidos, pero en la práctica no lo resultan tanto, probablemente porque el director, que es una persona con mucho oficio, ni sabe fabricar unos diálogos picados e ingeniosos ni está dotado de un gran sentido del humor. Prueba de ello es el cómo se presenta un viaje a Mallorca. El espectador nunca sabe si la elección de las Baleares como destino de un viaje a un paraíso remoto es una burda parodia de la ensoñación por las islas de Gauguin o por el contrario, es literalmente lo que dicen los personajes del filme: el deseo de toda una vida.
Tanto en un caso como en el otro, la cosa no funciona, pero peor aún es la confusión reinante.
El no atreverse a tratar en serio el humor es uno de los dramas del cine cómico español, siempre amparado, en el triste manto de la parodia. Si a Billy Wilder, con Jack Lemon, todo el trozo del congreso de gangster de Con faldas y a lo loco le queda pobre y tristón, porque tiene la poca envergadura de lo paródico, ¿qué no le iba a pasar a Comerón cuando intenta lo mismo todo el rato y en el contexto de la producción hispánica?
No está probado que no haya mucho de exageración en eso de que es más difícil hacer reír que llorar, pero sí está de mostrado que ambos son objetivos dignos, que requieren esfuerzo, trabajo y rigor, tratar al espectador como un ser inteligente del que no se consiguen lágrimas o carcajadas a base de halagarlo.
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