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Cartas al director

Las cosas como son:

supongamos que yo soy un mafioso de Marsella (o un macarra navajero, da igual) y me ofrecen un trabajito por seis millones. Es obvio que si acepto el asunto es porque tengo fundadas esperanzas en que voy a poder gastármelos.Se me dice que las cosas van a desarrollarse de tal o cual forma, que no debe morir ningún rehén y que la cosa debe ser distendida (o en este término describió uno de los rehenes los hechos).

Pero de repente veo que me entran los GEO, que irremediablemente voy a ser capturado y que esos seis millones se los va a tener que gastar otro. Por pocos telefilmes que uno haya visto es de todos sabido que ante tal coyuntura lo procedente es lanzarse al cuello del rehén más próximo y ponerle la pistola en la sien. Y rehenes había. ¿Por qué no lo hicieron?

Entonces, ¿ir de cabeza a la cárcel? Bueno, en principio si, pero luego, de alguna forma, en cuestión de meses, algún 23, alguien les devolvería a la calle para poder disfrutar de los seis millones. Contra la falta de información, imaginación. /

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