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Hallada en Soria una distinción militar romana entregada a un soldado celtíbero

Solo existen cinco copas semejantes en el mundo y se recibían o se compraban como “recuerdo” por la defensa del Muro de Adriano en Gran Bretaña

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Reconstrucción digital de la Copa de Berlanga
Imagen de la Copa de Berlanga cedida por los autores del estudio.

Solo hay cinco ejemplares en el mundo. El último ha sido encontrado recientemente, y de forma casual, en el municipio soriano de Berlanga de Duero. Es uno de los mejor conservados de la serie de copas de bronce conocidas como Hadrian’s Wall Pans, Fort Pans o Copas del Muro de Adriano, según revela un informe firmado por expertos del Instituto Caetra, el Museo Arqueológico Nacional, el Instituto de Arqueología de Mérida, el Instituto de Historia (IH-CSIC) y 3D Stoa Heritage and Technology y publicado en la revista Britannia.

La primera de estas copas se descubrió hace más de dos siglos en el municipio de Rudge, un pueblo del oeste de Inglaterra. Se trata de “uno los objetos que más ha fascinado a los investigadores del mundo romano”, indica el estudio. A este cuenco de solo 9 centímetros de diámetro, se lo conoce como Copa de Rudge. Su decoración, con esmalte que rellena pequeñas celdas talladas en el metal, fue interpretada “como una de las representaciones más antiguas del Muro de Adriano, la construcción romana más emblemática de la isla”.

El interés por la pieza aumentó cuando se reconocieron en el borde de la copa los nombres de cinco fuertes del Muro, correspondientes a los ubicados en su sector central”. Ahora, la hallada en Berlanga de Duero muestra los campamentos del área este: Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercum.

Este tipo de recipientes esmaltados, debido a su calidad artesanal y a los materiales utilizados, eran objetos de prestigio de la élite militar “tras haber servido en el Muro de Adriano, una de las fronteras más conocidas [y peligrosas] del mundo romano”.

Se trataba de un limes o límite del imperio de 117 km, entre las actuales ciudades inglesas de Carlisle y Newcastle, que fue construido y fortificado por el emperador Adriano entre los años 122 y 128.

Su finalidad ―alcanzaba hasta los cuatro metros de altura y sus torres nueve metros― era mantener los límites del imperio al norte de las islas británicas e impedir el avance de los temibles pictos, un pueblo indígena. A lo largo del muro, se situaron diversos campamentos militares que albergaban a legionarios romanos venidos de distintos puntos geográficos del imperio. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1987.

La mayoría de los investigadores coinciden en interpretar estas copas “como regalos o condecoraciones recibidos por haber servido en la frontera británica”, aunque también pudo ser adquirida por el militar como recuerdo de su experiencia. Los expertos consideran que, en este caso, la copa perteneció a un celtíbero destinado en el Muro que volvió a su lugar de origen, la Berlanga celtibérica, tras “servir en Britania en diversas campañas o actividades relacionadas con el control de los recursos mineros”.

El estudio The Berlanga Cup. New evidence of Hadrian’s Wall pans found in Hispania Citerior (Spain)―, recuerda que “hay evidencias arqueológicas de la presencia de celtíberos en el Muro de Adriano en la Cohors I Celtiberorum, al igual que otros pueblos hispanos, como los astures, que estaban encuadrados en el Ala I Asturum y el Ala II Asturum Hispanorum. Precisamente, en el siglo XIX, se localizó un fragmento de otra copa de este tipo entre Zamora y León, que pudo haber vivido una suerte similar a la de Berlanga. Se la conoce como Fragmento Hildeburgh, por el nombre de su comprador. El Fragmento Hildeburg se conserva en el Victoria & Albert Museum de Londres, mientras que la copa soriana se halla ya en el Museo Numantino (Soria).

La copa de Berlanga posee una decoración esquemática que representa el propio Muro, a través de un friso jalonado con torretas. Sobre ellas, se han grabado los nombres de los cuatro campamentos citados. Es la única de todas las “copas del Muro de Adriano” que nombra a los situados en el sector este.

Los especialistas han generado, además, una representación digital en 3D de la copa para facilitar su “investigación, difusión y documentación”. “Gracias a este trabajo se ha realizado una anastilosis virtual (recomposición) que devuelve a la pieza su forma original. Además, se ha logrado un despliegue ortográfico de la pieza (es decir, una vista plana de la lámina decorada que conforma la copa) que posibilita analizar mejor los motivos morfológicos, decorativos y epigráficos del objeto”.

La Copa de Berlanga fue localizada en un espacio conocido como La Cerrada de Arroyo, donde se realizó una prospección arqueológica posterior. “Gracias a ella se pudieron recuperar algunos materiales arqueológicos de la misma cronología y se llevó a cabo una prospección geofísica con georradar. Esta última ha permitido, por primera vez, certificar la presencia de estructuras arqueológicas soterradas y relacionarlas con el contexto del hallazgo de la copa”.

La investigación hecha pública ahora ―realizada por Roberto De Pablo Martínez, Susana De Luis Mariño, Jesús García Sánchez, Ignacio Montero Ruiz y Pablo Aparicio Resco― incluye también el estudio de la composición del metal y de los esmaltes con los que se fabricó. Esto ha sido relevante porque ha permitido demostrar la autenticidad de la pieza, afinar la cronología al siglo II y determinar que las minas del metal empleado fueron, probablemente, las situadas en Gales o Durham.

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