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El misterio del segundo bronce celtíbero más importante conocido y que oculta un particular

La pieza ahora traducida, de valor incalculable, fue escrita en alfabeto latino, lo que permite a los expertos acercarse más a la pronunciación de este idioma prerromano

Cara frontal del Bronce de Igedancom.J. Gorrochategui

En enero de 2024, el lingüista Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, y la profesora María Cruz González fueron avisados de la existencia de cinco fotografías de un bronce prerromano completamente desconocido. “Al ver las imágenes, rápidamente comprendimos que se trataba de una pieza celtibérica, aparentemente en buen estado y con características epigráficas y lingüísticas de gran interés. A través de un colega, hicimos llegar al propietario nuestro deseo de realizar una autopsia del epígrafe y eventual estudio, a lo que este accedió sin ningún problema”, relata Gorrochategui en el estudio Bronce celtibérico en alfabeto latino de Igedankom, Complutum, Alcalá de Henares (Madrid). Avance, publicado en la revista Veleia.

En abril de ese año, se reunieron en un hotel con el dueño del objeto. Lo analizaron, lo midieron y lo fotografiaron “durante la mañana de ese día solos, sin ninguna interferencia”. Acabado el trabajo, lo devolvieron, pero pidieron al propietario que les permitiera llevar a cabo “una limpieza por parte de laboratorios especializados en restauración y conservación, un análisis metalográfico del bronce y cuantos estudios sectoriales se necesitaran a cargo de diferentes especialistas”. El dueño afirmó que estaba pensando en una “eventual donación a una institución pública”. Pero nunca más lo han vuelto a ver.

El 12 de agosto de 2024, “sorprendentemente se filtró una imagen del bronce en internet, pero la fotografía [de no muy buena calidad] fue retirada de inmediato”. Sin embargo, a los arqueólogos y epigrafistas Martín Almagro-Gorbea y Xaberio Ballester les dio tiempo a copiarla y estudiarla. Poco después, la profesora Blanca María Prósper y el experto Max Turiel comenzaron a publicar opúsculos sobre la enigmática imagen. “Teniendo en cuenta que las publicaciones existentes hasta ahora se basan en lecturas, aunque no coincidentes, obtenidas todas ellas a partir de una única fotografía deficiente, es necesario ofrecer ahora una lectura del texto más ajustada a la realidad, con los datos epigráficos obtenidos de la inspección ocular”, asevera Gorrochategui.

El que ya se conoce como Bronce de Meditón ―el nombre del principal personaje que se menciona en el objeto― recoge “un pacto de hospitalidad entre este individuo y la ciudad carpetana de Igedankom”, en época romana Complutum y en la actualidad Alcalá de Henares. La ciudad concede derechos ciudadanos al termestino (de Tiermes, Soria) Meditón o Meditos por decisión de unos magistrados o curatores mencionados al final del epígrafe.

En definitiva, se trata de un texto celtibérico de gran importancia por su longitud (nueve líneas con 32 palabras, más una abreviatura), su relativa buena conservación, el uso del alfabeto latino que asegura la fonética de un número considerable de palabras, la fase avanzada de la lengua y la presencia de algunas formas y categorías gramaticales hasta ahora desconocidas. Fue escrito en época de Augusto entre los años 27 a. C. y 14 d. C.

El texto está redactado en lengua celtibérica y en alfabeto latino, con una técnica de punteado. Las palabras están separadas por puntos. Aparecen todas las letras latinas que tenían correspondencia exacta o aproximada con el sistema fonológico del celtibérico. Faltan, por tanto, las letras F, H, K, P, X, Y y Z.

No hay ninguna constancia de que este bronce, que ahora pertenece a una colección particular, proceda de una excavación arqueológica profesional llevada a cabo más o menos recientemente. Es decir, fue expoliado hace años. Según el relato de su propietario, fue adquirido a un anticuario de la provincia de Madrid a comienzos de los años ochenta del pasado siglo por un miembro de su familia, habiendo permanecido desde entonces en la colección familiar. Afirmar que fue adquirido antes de 1985, cuando se aprobó la Ley de Patrimonio, impide que pueda ser requisado por las autoridades. “Yo sí creo al propietario”, afirma Gorrochategui en conversación con EL PAÍS. “Puede ser verdad lo que dice”.

Gorrochategui ha traducido el texto ―interpretado lo llama él―, pero dejando claro que “no es superfluo recordar que, a pesar de que la investigación de los últimos años ha aclarado muchos aspectos de la gramática y del léxico celtibéricos, estamos lejos de comprender cabalmente la mayoría de las inscripciones. Si bien existe un amplio consenso en la comprensión de los textos más cortos y repetitivos, entre los que contamos las téseras de hospitalidad, los textos más amplios presentan aún muchos puntos oscuros, a pesar de la existencia de sugerentes e interesantes propuestas interpretativas”.

Este epígrafe, “al estar entero, redactado en alfabeto latino, incluir términos y vocablos previamente conocidos en cierta clase de documentos y haber una secuencia perfectamente identificable de designaciones de personas en la primera y las tres últimas líneas del epígrafe”, es relativamente sencillo de traducir.

El lingüista concluye: “Nos hallamos ante uno de los textos celtibéricos más importantes que se conocen, por su extensión, su integridad textual y la naturaleza de su contenido, solamente por detrás de los grandes Bronces de Botorrita [11 líneas]. El hecho de estar redactado en alfabeto latino resulta ventajoso para conocer la fonética de las palabras con mayor precisión y exactitud”.

“El propietario me dijo que su intención era entregarlo”, asevera Gorrochategui. “Espero que sea así, porque es único”.

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