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Tribuna

La Copa no tiene versos

Joan Fuster se trae a la final una senyera sin azul en la que envuelve el espíritu de Puchades, por si eso sirve para algo. Vicent Ventura llegará al Calderáñ con algo de retraso, porque se ha entretenido en Moncada comprando unos cohetes. Vicent Andrés i Estellés se trae bajo el brazo un librito de versos vernáculos, por si tiene que dedicárselos a Kempes, como Alberti hiciera con Platko.En Madrid espera a los foráncos Juan García Hortelano deseoso de escribir, porque la auténtica muerte súbita es la del penalti y no la del tenis. Juan Benet acudirá al Manzanares previa confesión con Alberto Machimbarrena, fiel seguidor de la Real Sociedad, que es quien le inculca las auténticas ideas futbolísticas. Jesús Fernández Santos verá el partido extramuros, o sea, por la tele.

En la tribuna del Calderón, juntos, pero no revueltos futbolísticamente, Luis García Berlanga y Rafael Azcona. Berlanga se lamentará pacíficamente de los errores de Guruceta que favorezcan al Madrid. Azcona estará pendiente de la prensa canallesca, que adjudica a la Casa Blanca los horrores de Casas Viejas. Francisco Brines, periférico trasplantado a la meseta, querrá usar como norma ética la neutralidad del esteta.

El pueblo llano se olvidará a la hora de la verdad de toda clase de lindezas. Al público no le van las hipérboles. Al público le gustan los goles en plancha, la virilidad de los defensas centrales y hasta los balonazos que rozan el larguero. En la final de Copa, auténticos espectadores son los menos. A la mayoría le ciega la pasión.

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