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Daniil Medvedev
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Jannik Sinner
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Sinner aplaca al magnífico Medvedev y triunfa de nuevo: ¿Alguien dijo crisis?

El número dos se impone al ruso en un doble desempate (7-6(6) y 7-6(4) y alza su sexto Masters 1000, su primer título del año

Sinner posa con el trofeo de campeón, con Medvedev (d) en segundo término.Mark J. Terrill (AP)

¿Crisis? ¿Alguien dijo crisis? Va y viene el tenis muy rápido, replanteando el escenario en márgenes muy cortos de tiempo y lo que ayer parecía oscuro, mustio y encallado, hoy reverdece y está iluminado. Paciente, Jannik Sinner repetía: “Confío en lo que estoy haciendo. Es cuestión de trabajo, de perfeccionar cosas y de respetar los periodos. Todo llegará”. Y así es. Después de algunas dudas, enraizadas fundamentalmente en el exterior, el número dos del mundo levanta los brazos y celebra triunfador, rodeado de confeti, la conquista de Indian Wells. Acontece tras un reñido desenlace en el que Daniil Medvedev, este Medvedev con gesto de no haber roto un plato, ha tensado la cuerda de principio a fin. Se decide la final al desempate: 7-6(6) y 7-6(4), en 1h 55m.

El de San Cándido, por tanto, se hace por primera vez con el trofeo californiano y cierra el círculo sobre pista dura en los Masters 1000. A sus 24 años ya posee los seis —previamente se hizo con Miami, Canadá, Cincinnati, Shanghái y París, mérito tan solo obtenido por Novak Djokovic y Roger Federer— y reacciona cuando la situación lo precisa. Nunca se perdió, sencillamente está experimentando. Probándose para ser mejor. Su primera dentellada del año viene acompañada de un señor mordisco en el ranking —recorta 1.000 puntos la renta de Carlos Alcaraz, ahora 2.150 por delante— y tras un arreón espectacular: al 0-4 del rival en el segundo tie-break le sucede una demoledora ráfaga de siete puntos. Por si alguien lo dudaba, aquí está él.

Antes, el de Moscú mantiene exactamente el rumbo del día anterior, en realidad de todo este torneo en el que su tenis ha cobrado otra vez su máxima expresión. Esto es, duro-duro-duro hasta para un tipo tan firme, tan regular y tan lineal como Sinner, cómodo siempre en los peloteos de largo recorrido pero quizá no tanto esta vez. El ruso, de 30 años, ha vuelto por sus fueros y su revés —la famosa sartén, por su forma de empuñar y trazar el tiro, además de la heterodoxa postura corporal— llega a rincones y espacios insospechados. Se le ve replicar a lomos de esa ola e inevitablemente asoma la pregunta: ¿Por qué no ha sido él esa tercera pieza del puzle? ¿Y qué sería del tenis de hoy si así fuera?

No se sabe muy bien por qué, o tal vez la respuesta esté en esa cabecita traviesa que con frecuencia le ha juagdo malas pasadas, Medvedev fue desapareciendo del mapa y cobijándose en la resignación desde hace un par de años; normal, de alguna forma, teniendo en cuenta los golpes recibidos ayer —Nadal, Federer y Djokovic— y los de hoy. Ha recibido por todos lados, del mismo modo que quienes los asestaron son plenamente conscientes de la magnitud de un jugador que de haber tenido un punto más de fortuna, hubiera alcanzado seguramente un estatus superior. En todo caso, este año está mostrando un cambio de disposición y el tenis lo celebra. Con él y esa versión sobre el tapete, las anodinas rondas finales del presente cogerían otro color.

Bien lo sabe Sinner, alertado por lo sucedido en las semifinales —Alcaraz extenuado, por momentos persiguiendo la bola de un lado a otro— y enfrascado durante estos últimos meses en el laboratorio. Nada de crisis. Simple y llano proceso. El cuerpo a cuerpo con el español (10-6 por encima, 7 a 2 desde 2024) exige una revisión permanente del juego y visto que su ofensiva desde la línea de fondo comenzaba a quedarse corta en determinados contextos, se ha propuesto investigar, ensayo-error e incorporar nuevos argumentos. En esencia, Sinner sigue siendo el Sinner de siempre, ese pegador inmisericorde que imprime un ritmo endemoniado, pero desde el otoño ha dado un paso adelante.

Busca versatilidad y en ello está. Testea las innovaciones también contra Medvedev, descolgándose de vez en cuando para intentar sortear el muro y probando la dejada, más valiente, pero el ruso está centrado y con ganas, convencido y amenazante desde el principio. No solo sostiene el pulso sino que contragolpea con decisión, tratando de convertirse en ese segundo hombre que logre lo difícilmente imaginable: batir a Alcaraz y Sinner en un mismo torneo, o algo así como hollar de un día para otro (o sea, sin oxígeno) el Everest y el K2. Solo un titán podría conseguirlo. Solo uno ha sido capaz, de nombre Novak Djokovic, autor de la hazaña en el marco de la Copa de Maestros de 2023, cuando todavía les aguantaba el ritmo. Eran otros tiempos.

Lo de ahora es diferente. El orden ha cambiado y le sobra cadencia a Sinner, quien a base de serrar y serrar, termina llevándose un primer parcial decidido sobre la cornisa, al límite, sin que uno ni otro cedan. El italiano ha pedido que le quiten el vendaje compresor del tobillo porque se lo estrangula y sigue produciendo como una máquina de meter primeros, mientras el ruso no encuentra la rendija porque, hasta ahí, no la hay. Puerta cerrada a cal y canto. Sin embargo, lo ha digerido bien. En otros tiempos recientes se hubiera torcido rápidamente, empantanado entre excusas y peleado con todo, pero hoy se aplica, se levanta, arriesga y logra no descolgarse, que no es poco. Este Medvedev es otro. Magnífico. Se hidratan los dos porque la paliza está siendo de aúpa. El sudor se desliza sobre la calva de Agassi.

Aprieta de nuevo el calor, 34 grados, pero la erosión parece responder en mayor proporción al plano mental que al físico. Ambos muy enteros. Ninguno va a dar su brazo a torcer. Será cuestión de quién resiste mejor al zarandeo. Después de varias experiencias negativas, Sinner se ha adaptado bien al sol y en la recta final controla la situación, en contra de las apariencias. Se repite la resolución en el segundo set, sellado después de una falsa ilusión: a la sacudida del moscovita responde con entereza y filo, con la mirada propia del campeón, quien después de un par de sinsabores —tibio en la penúltima rampa de Australia y neutralizado contra pronóstico en los cuartos de Doha—, se reactiva y recuerda: aquí están él y su cañón.

Daniil Medvedev
vs
Jannik Sinner
Sets:
Porcentaje 1er servicio
dentro/totales 36/45 80%
dentro/totales 28/37 75%
Puntos ganados con primer servicio
dentro/totales 29/36 80%
dentro/totales 25/28 89%
Puntos ganados con segundo servicio
dentro/totales 5/9 55%
dentro/totales 5/9 55%
Puntos ganados al resto
dentro/totales 7/37 18%
dentro/totales 11/45 24%
Puntos de break convertidos
dentro/totales 0/0 0%
dentro/totales 0/2 0%
Puntos ganados en la red
dentro/totales 3/0 50%
dentro/totales 3/0 100%
Aces
6
6
Dobles faltas
1
1
Golpes ganadores
6
11
Errores no forzados
14
22
Porcentaje 1er servicio
dentro/totales 22/40 55%
dentro/totales 24/34 70%
Puntos ganados con primer servicio
dentro/totales 17/22 77%
dentro/totales 19/24 79%
Puntos ganados con segundo servicio
dentro/totales 10/18 55%
dentro/totales 8/10 80%
Puntos ganados al resto
dentro/totales 7/34 20%
dentro/totales 13/40 32%
Puntos de break convertidos
dentro/totales 0/0 0%
dentro/totales 0/0 0%
Puntos ganados en la red
dentro/totales 4/0 57%
dentro/totales 4/0 80%
Aces
1
3
Dobles faltas
1
1
Golpes ganadores
8
15
Errores no forzados
18
21
Porcentaje 1er servicio
dentro/totales 58/85 68%
dentro/totales 52/71 73%
Puntos ganados con primer servicio
dentro/totales 46/58 79%
dentro/totales 44/52 84%
Puntos ganados con segundo servicio
dentro/totales 15/27 55%
dentro/totales 13/19 68%
Puntos ganados al resto
dentro/totales 14/71 19%
dentro/totales 24/85 28%
Puntos de break convertidos
dentro/totales 0/0 0%
dentro/totales 0/2 0%
Puntos ganados en la red
dentro/totales 7/0 53%
dentro/totales 7/0 87%
Aces
7
9
Dobles faltas
2
2
Golpes ganadores
14
26
Errores no forzados
32
43

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