El resplandor de Cruyff: 10 años después de su muerte su legado sigue vivo
Las enseñanzas del jugador y entrenador persisten gracias a los esfuerzos de sus discípulos en el Barça, el Ajax, el City y la selección de Países Bajos


La figura de Johan Cruyff (Ámsterdam, 1947-Barcelona, 2016) es tan genuina y universal que en el fútbol se acepta como medida de tiempo y espacio —los dos conceptos más sagrados de su magisterio— un calendario cruyffista para recordar el día que se celebra cada uno de sus espectaculares goles, las victorias más señaladas, los títulos que marcaron época, las frases y gestos que hicieron historia, como muestra de agradecimiento y también como evidencia de un legado que no caduca, ahora muy visible en Ámsterdam, Barcelona y Mánchester. Hoy, cuando se cumplen 10 años de su muerte, se puede ver incluso una serie documental presentada el pasado sábado en el Johan Cruyff Arena con el título de Cruyff, producida por James Gay-Rees y que de momento se emite en Países Bajos.
Queda por descubrir quien aceptará el desafío de Ferran Adrià de crear una Bullipedia del Dream Team después de que Pep Guardiola manifestara que “Cruyff es la figura futbolística más influyente de la historia del fútbol en los últimos 40 o 50 años”, una afirmación categórica del entrenador del City, que el domingo celebró su título número 41 (40 en la élite, más el que logró con el Barça Atlétic, en Tercera, el verano de 2008) con la conquista de la Carabao Cup. Guardiola puso método al ideario de Cruyff y es el técnico que seguramente más ha desarrollado y divulgado la obra del holandés en la Liga, en la Bundesliga y en la Premier. Cruyff está presente también en la selección holandesa con Ronald Koeman y en el rescate del Ajax después de que su hijo Jordi aceptara el cargo de secretario técnico y nombrara entrenador a Óscar García, miembro de la Quinta de lo Pelat. Nadie duda tampoco de que mantiene su ascendente sobre el Barça.
Ya dijo Romario da Sousa que “el fútbol se mira con los ojos de Cruyff”, y desde entonces incluso el presidente Joan Laporta advierte en la mirada de Hansi Flick “los ojos azules de Cruyff”. Aunque el Barça de Flick no juega precisamente igual que el de Cruyff ni el de Guardiola, el barcelonismo entiende que el equipo es fiel al estilo marcado por el holandés por el vínculo de muchos de sus futbolistas con la Masia. Cruyff nunca fue un asiduo de los partidos del fútbol base y, en su pugna por controlar a los equipos inferiores, fue acusado incluso de nepotismo por forzar la alineación de Jordi y de Dani Muller —compañero de Chantal Cruyff—, con la complicidad de su esposa Danny, conocida por sus opositores como la Marilyn del Miniestadi. Cruyff no creó la Masia; su reto fue mucho mayor en un contexto adverso porque inventó el solfeo del Barça: todos los equipos del club tenían que jugar como él quería.
Alcanzó con ver a Luis Milla, un volante del filial que había pasado incluso por el amateur, titular contra el Espanyol para saber del alcance de la revolución de Cruyff como entrenador del Barça. El equipo se edificó a partir del medio centro o 4, se extendió con el 6 —el futbolista del pase atrás para que el equipo no se partiera— y más adelante con el despliegue del 8 y el 10. Los números son capitales para descifrar una propuesta basada en el 4-3-3 o 3-4-3 y culminada en el marcador con el dígito 5. Los extremos quedaban siempre abiertos y se imponía la triangulación ensayada en un rondo presidido por la velocidad y la precisión con la pelota, que siempre fue el centro del universo Cruyff. La identidad quedó tan marcada que trascendió a Europa con Wembley después de lograr la abdicación de la Quinta del Buitre.
Cruyff, un entrenador sin carnet reconocido a su llegada al Camp Nou, desafió siempre a la autoridad, ya fuera representada por el Madrid, por los árbitros o por su propio club, siempre en litigio con Núñez. El barcelonismo más acomplejado y victimista se liberó con la llegada de Cruyff, moderno y revolucionario como jugador y ganador en calidad de entrenador, punto de partida indispensable para entender la mentalidad ganadora de las nuevas generaciones del Barcelona.
La tensión competitiva mezcló con la belleza del juego, un fútbol poético, para disfrute del Ajax, de Holanda y del Barça. Nada hubiera sido posible sin la personalidad arrolladora, el optimismo y la naturalidad de un hombre sin miedo como era Cruyff. El cruyffismo es sobre todo una manera de vivir y de jugar que se renueva en cada aniversario o efeméride, como si se pagara a plazos la deuda contraída con una figura única que cambió el carácter del Barça. El paso de los años ha hecho que aquella figura de Cruyff asociada momentáneamente a una edad de oro que a veces no lo fue —palabras de Vázquez Montalbán— se presente hoy como la creadora de un momento cumbre que no tiene fin, sobretodo en el Camp Nou.
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