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Siempre Robando
Opinión

La fotografía de Vinicius y Mbappé es la esquela del Madrid en El Sadar

Se ha viralizado oportunamente un fotograma del Osasuna-Real Madrid que muestra al 7 y al 10 parados en la misma posición

Vinicius Junior y Kylian Mbappé hablan con el árbitro durante el partido contra Osasuna.Vincent West (REUTERS)

Se ha viralizado oportunamente un fotograma del Osasuna-Real Madrid que muestra a Vinicius y a Mbappé en la misma posición del campo, con Güler dando vueltas sobre sí mismo con la pelota antes de que le estalle la cabeza, como si le hubiesen mojado los cables. Es una imagen formidable. Están los dos ahí parados esperando el autobús. Mbappé ocupando el carril de Vini y, Vini, detrás, mirando a Mbappé sin saber qué hacer. Por un momento parece que Vinicius Junior se va a ir al banderín del córner a ponerse a bailar. Yo es lo que hubiera hecho. Lo mismo así lo ve Mbappé, se va para allá a abrazarlo y a Güler lo acabamos sacando del campo con camisa de fuerza.

Hay fotografías que tienen razón y otras, amputado su contexto y distorsionado su enfoque, que no. Esta foto tiene razón: podemos extrapolar a partir de ella, sin usar demasiadas pinzas, el estado de la ofensiva del Madrid, dos estrellas que podrían comprar islas peleándose por una baldosita del campo. Descriptiva de un tiempo febril entre el 7 y el 10 que va ya para dos años y no termina de arreglarse.

La mejor química es el exterior de Vini buscando el desmarque a zancadas de Mbappé. No funciona tan bien la llegada a línea de fondo del brasileño porque el francés, como dijo Cristiano, nunca se reconvirtió en rematador puro, y no suele aparecer por el área pequeña. Sigue con esquemas mentales de 9 en contraataque y extremo en estático, organizando espacios para librarse del rival o cazar disparos tremebundos a media distancia con una eficacia salvaje.

No es la primera vez que se estorban, aunque esta ocasión fue cómico porque estaban los dos parados: a veces, por mucho que tosas, necesitas una radiografía enmarcada en el salón que te recuerde que hay que dejar de fumar.

El Madrid vive en una improvisación permanente producto de dos virtudes explosivas: Vinicius es un incendio que necesita campo abierto y Mbappé es un depredador que necesita ventaja. Güler con el balón en los pies mirando a un lado y a otro es ya una metáfora involuntaria, purita nostalgia. El chico ve dos soles y no sabe cuál orbitar. Mira a la izquierda, Vinicius; mira a la izquierda, Mbappé; mira a la derecha, y todos flipando.

Ocurre que Vini necesita tocar muchas veces para sentir que la jugada es suya y Kylian necesita que el primer toque ya sea una amenaza. Son dos idiomas distintos que, cuando coinciden, no los entiende ni Dios. Tampoco ellos ni sus entrenadores. No supo qué hacer Ancelotti, no supo qué hacer Xabi, no sabe qué hacer Arbeloa. No saben qué hacer ellos. La solución puede pasar por separarlos: mandar a Mbappé a la derecha, dejar a Vini en la izquierda y meter a Gonzalo en el centro, o a Rodrygo. O un mueble al que le pegue los balones que llegan a línea de fondo y se pasean delante de la portería muertos de risa o de pena.

Por donde no pasa la solución es renunciando a la naturaleza de ambos: hay que ordenarla. Alguien (imaginemos que el entrenador) tiene que decidir desde dónde se ataca y quién fija a quién, y cuándo defiende uno por el otro y cuándo no, y sacar del campo a quien no lo haga (¡ah!).

El gran Madrid de la última década no fue solo una feliz acumulación de estrellas sino una distribución quirúrgica de espacios dirigida por Modric y Kroos: el 7 sabía que el 9 estaba donde debía, y el 8 y el 10 que su pausa ordenaba el caos. Ahora Vini y Mbapé comparten el espejo de Dorian Gray y, con la rejuvenecedora química de ambos, al pobre Güler se le echan ya 36 años.

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