Por qué los grandes clubes no encuentran entrenadores de garantías: “Algo no va bien en el fútbol”
Técnicos como Klopp o Mourinho se alarman ante la corriente que empuja a instituciones históricas a fichar preparadores sin experiencia


La era de los grandes patriarcas del fútbol se aproxima a lo que parece su ocaso. Décadas marcadas por el poder omnímodo de líderes carismáticos al frente de los clubes más populares se cuestionan desde que comenzó el 2026 y tres de los clubes más influyentes del mundo, Chelsea, Manchester United y Real Madrid, despidieron a sus entrenadores sustituyéndolos por hombres con escasa o ninguna experiencia en la gran gestión. La industria emite señales de transformación. José Mourinho, uno de los técnicos más famosos del siglo, confesó su perplejidad esta semana. “Para mí”, dijo, “es una sorpresa que entrenadores sin historia, sin un trabajo hecho, tengan la posibilidad de entrenar los equipos más importantes en el mundo”.
Mourinho no tuvo que mencionar a los exponentes del nuevo fenómeno. Están en boca de todo el mundo. Álvaro Arbeloa, célebre mourinhista, no tenía ninguna experiencia en un banquillo de Primera cuando el Madrid lo nombró hace una semana. Liam Rosenior, oscuro futbolista de la Championship en cuyo currículo como gestor destaca una temporada y media al frente del Racing de Estrasburgo de la Ligue 1, se ha hecho cargo del Chelsea, casa matriz de la empresa propietaria del Estrasburgo. Y Michael Carrick, funcionario del United sin más rodaje que dos jornadas de interinidad en la temporada 2021-22, se acaba de sentar en el sillón de Alex Ferguson para dirigir el que un día fue el club más rico del planeta.
“Cuando el Milan ficha a Allegri, cuando la Juventus contrata a Spalletti, cuando la Roma ficha a Gasperini… no me sorprende”, abundó Mourinho. “Pero en la situación en que nos encontramos hay gente que no ha hecho nada y se sienta en el banquillo de los equipos que demandan más responsabilidad. Eso es una verdadera sorpresa”.
Quizás la tendencia se inició en 2019, el día que el Arsenal nombró a Mikel Arteta para llenar el vacío de poder que dejó Arsène Wenger y que Unai Emery no consiguió colmar. Arteta nunca había dirigido a un equipo. Ni en categoría semiprofesional. Su único aval eran los dos años que ofició de ayudante de Guardiola en el City. Pero la familia Kroenke, los dueños del Arsenal, no dudaron en emprender un proyecto que siempre tuvo carácter experimental. Seis años después de la llegada del vasco a Londres, los Kroenke siguen esperando títulos importantes. Con impaciencia, después de haber desembolsado más de 1.200 millones de euros en fichajes desde 2019, cifra que ningún club en la historia ha invertido en un solo entrenador, con la excepción de Guardiola en el City.
La formación de Arteta como conductor experto ha costado tiempo, fortuna, y alguna crisis, según confiesan personas próximas al club gunner. El verano pasado, tras perder la Premier en favor de un Liverpool que sin Klopp ya daba síntomas de agotamiento, los propietarios y los responsables de la dirección deportiva del Arsenal se plantearon despedirlo. No lo hicieron, entre otras cosas, porque después de meses de rastrillar Europa, no encontraron a nadie que garantizara la base de rendimiento que asegura Arteta.
“No hay”
“No hay entrenadores de garantías en el mercado”, sentencia bajo condición de anonimato el consejero de la propiedad de un club de referencia de la Premier. “Desde que Guardiola ganó la primera Champions con el Barça las funciones del entrenador han alcanzado una complejidad mucho mayor, y eso se multiplica en los equipos con los presupuestos más importantes. Por razones de eficacia competitiva y también para atraer espónsors, prácticamente todos los clubes que aspiran a ganar la Champions quieren lo mismo: dominar presionando en campo contrario mediante un juego asociativo y el control del balón. Esto es lo más difícil de lograr. Y a eso se suma que los equipos grandes necesitan líderes que demuestren equilibrio emocional. No basta con que sean buenos entrenadores: además necesitan saber manejar la presión. ¿Quién responde a ese perfil en el mercado actual? ¿Klopp y quién más?”.
Pep Guardiola dio una pista hace unos días: “El departamento más importante de un club es el de captación [de jugadores]. Más que el entrenador o que los jugadores. Cuando eliges bien el talento, el 80% está hecho”. Esa es la clave del éxito del Arsenal de Arteta: fichajes insuperables. Lo que el City solía hacer con Txiki Begiristain antes de que Hugo Viana lo reemplazara al frente de la dirección deportiva.

A falta de entrenadores de capacidad garantizada, los dirigentes de varios de los clubes más grandes de Europa han creado estructuras de soporte que antes no existían. Tanto para refinar la selección de fichajes como para desarrollar planes de trabajo de campo para el primer entrenador, estos cuadros de tecnócratas que actúan en la sombra para no desautorizar al ocupante del banquillo, procuran asegurar un funcionamiento eficiente en apartados que antes se consideraba competencia exclusiva del mánager. Su misión es mantener la maquinaria a pleno incluso en la eventualidad de que nominalmente el entrenador sea un novicio incapaz de distinguir lo excelente de lo inútil. El Liverpool, el Arsenal, el Chelsea y el Bayern llevan años construyendo un sistema parecido a base de acumular cuerpos de asistentes e ideólogos que siempre superan los 20 individuos.
El sexto de la fila
Al Bayern, el club con más tradición y potencial de Europa continental, el modelo le ha permitido conseguir cierta estabilidad de la mano del bisoño Vincent Kompany. Fichado después de tener que descartar al menos a cinco candidatos mejor posicionados (Alonso, Klopp, Nagelsmann, Rangnick y Oliver Glasner) en el memorando de su presidente Uli Hoeness, el belga aterrizó en Múnich después de un fracaso. El currículo de Kompany solo acreditaba que ganó la Segunda División inglesa con el Burnley en 2023 y descendió en 2024.
Hasta Klopp, el entrenador más deseado de Europa, hoy autoexiliado en un despacho del RB Leipzig, se alarmó cuando conoció la destitución de Alonso: “Durante dos años en Leverkusen, Xabi nos enseñó el gran talento que tiene como entrenador. Si ahora lo fuerzan a dejar el Madrid solo seis meses después de ficharlo, es señal de que algo no va bien en el fútbol”.
Desde hace décadas los entrenadores han ganado importancia hasta prácticamente desplazar a los futbolistas a un segundo plano. Este modelo está en entredicho.
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