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Jordi Bertomeu: “La NBA puede ayudar a la Euroliga a crecer, pero no debe canibalizarla”

El fundador y presidente de la gran competición europea de baloncesto entre 2000 y 2022 pide diálogo para solucionar el conflicto con la Liga estadounidense y unir los dos mundos

Jordi Bertomeu

Jordi Bertomeu (Barcelona, 67 años) fue el creador de la Euroliga y su presidente desde su nacimiento en 2000 hasta 2022. Fue testigo de la transformación deportiva y económica de la competición y hoy recoge esa experiencia al frente de una consultora que impulsa nuevos proyectos deportivos. “Fundé la ACB y la Euroliga. Es lo que he hecho siempre, empezar de cero”, comenta Bertomeu. Desde ese bagaje analiza el conflicto actual con la NBA.

Pregunta. ¿Cómo nació la Euroliga?

Respuesta. Como consecuencia de una necesidad, cambiar algo anquilosado. El baloncesto europeo debía cambiar o se moría. Era una competición en manos de una federación internacional que no se ocupaba de los clubes. Estos reaccionaron y le pidieron a la ACB, la Liga de referencia, que lo que había hecho en España lo hiciéramos a nivel europeo. Fue un cambio de paradigma, pasar de un modelo en el que la federación toma las decisiones y los clubes pagan las facturas, a otro en el que los clubes deciden. Eso no lo ha hecho nadie más en Europa. Mire lo que le cuesta al fútbol llegar a ese modelo.

P. El primer año convivieron dos torneos, Euroliga y Suproliga...

R. Fueron muchos años complicados porque el proyecto era muy tierno y disruptivo. Todo el mundo nos tenía en el ojo por el miedo a que el fútbol siguiera nuestros pasos. Tuvimos que levantar una nueva competición en tres meses, con una gran multiculturalidad deportiva y problemas políticos con la FIBA. Cada año nos certificaban la defunción y mire lo que ha durado.

P. ¿Qué opina de la NBA europea?

R. Lo veo con una preocupación doble. Primero, porque la Euroliga no está respondiendo al reto. Debería tener una actitud proactiva y no defensiva, fijarse en lo mucho bueno que tiene y llevarlo más allá. Esta sería la mejor defensa ante lo que puede ser una amenaza. No lo están haciendo y en tres años ha cambiado mucho el cargo en el que yo estaba. Tienen un problema de gobernanza y liderazgo. Eso me preocupa extraordinariamente. Y segundo, la NBA propone una cosa nueva, como nosotros hicimos en 2000. Hay que escucharla y no descartarla. No hay que ponerse en contra por definición, aunque tras muchos meses no sabemos nada de esa competición, seguramente porque no se pueden hacer muchas novedades. Deben explicar el modelo de negocio porque decir que cada club debe poner 1.000 millones, que la viabilidad económica requiere años, crea una gran incertidumbre. No me preocupa el concepto. Yo recibí muchas críticas en 2000 por crear la Euroliga. Hay que estar abiertos, pero han de ser más claros.

P. ¿El modelo de la NBA es extrapolable a Europa?

R. No, en absoluto. En Europa el negocio gira alrededor del fútbol y todos los demás deportes, el baloncesto como segundo, están muy lejos. La NBA ha demostrado que sabe hacer las cosas y hay que darle credibilidad, pero la realidad europea es distinta a la americana. Dicen que sí, que lo entienden. Veremos. La explotación económica del baloncesto se puede mejorar, pero ha habido una gran progresión. ¿Estamos lejos del fútbol? Mucho. ¿Cómo acercarse? Ahí están las dudas.

P. ¿Teme un cisma entre dos grandes competiciones?

R. Sería horroroso, un paso atrás enorme y un daño para todo el mundo. No quiero ni pensarlo. Deberían ir de la mano. La NBA puede ayudar al crecimiento de la Euroliga, pero no canibalizarla. Cuando hay un proyecto que ha avanzado tanto, volver a empezar de cero y perder todo lo que se ha corrido es absurdo. La Euroliga tuvo un equipo en Londres, ahora en París y Lyon, el Bayern Múnich… Pero no a costa de la base, Grecia, Serbia, Turquía. Hay que añadir, no restar.

P. ¿Qué papel juega la FIBA?

R. La FIBA blanquea el proyecto, nada más. Nunca se ha destacado por hacer grandes cosas por los clubes. No va a tomar ninguna decisión en este proyecto, solo lo acompaña. El negocio marca las decisiones y quienes han de ponerse de acuerdo son los propietarios. Unir la fuerza de la Euroliga con la potencia comercial, estratégica y de marketing de la NBA es un escenario ideal para el baloncesto europeo.

P. ¿Por qué los clubes pierden dinero?

R. Porque hay una estructura tradicional en la que priorizan el resultado deportivo al económico. Hemos mejorado en este cambio cultural pero no está resuelto. Hoy de los 20 equipos, cuatro o cinco tienen pérdidas grandes. El resto, no. La FIBA no es la más apropiada para hablar de economía porque nunca ha asumido un riesgo. Así es fácil hablar.

P. Las peñas del Real Madrid rechazan la NBA. ¿Se ha subestimado la importancia del aficionado?

R. Claro. El aficionado del Madrid lleva años viendo a su equipo contra el Olympiacos, el Partizán, el Fenerbahçe… ¿Por qué perderlo? Hay que construir sobre los cimientos de 25 años. Adormecer al aficionado como en Estados Unidos no es una buena receta. Aquí hay tensión en cada partido, ganar o perder cuenta. Este drama consustancial con la esencia del baloncesto europeo es un valor que no debe ser olvidado y debe respetarse.

P. Euroliga y NBA siempre han intentado acercarse…

R. Sí. Casi hicimos una Ryder del baloncesto. Los dos queremos lo mismo, crecer. Insisto, no hay que ser negativos con la NBA. Clubes que fueron muy críticos en el 2000 con la Euroliga, como Panathinaikos y Maccabi, hoy son una bandera del torneo. Esto no debería repetirse como actitud. Mente abierta y diálogo para que estos dos mundos coincidan porque tienen muchas sinergias. No cerremos los ojos.

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