Muere Brad Branson, exjugador del Madrid y la primera estrella del Valencia
La leyenda de la Liga ACB, que también jugó en la NBA, ha fallecido a los 67 años


Brad Branson ha muerto a los 67 años. El estadounidense, un pívot de 2,08m que nació en Harvey (Illinois) en 1958 y que a los siete años se mudó con su familia a Florida, se hizo muy popular en el baloncesto español de los 80 y principios de los 90. Primero jugó en el Real Madrid dos temporadas, entre 1986 y 1988, donde ganó la Copa Korac, y, a continuación, recaló en el Pamesa Valencia. Ahí se convirtió en la primera gran estrella de un equipo recién ascendido. Branson fue el primer ídolo de aquel club que levantaron los hermanos Fernando y Juan Roig, dueños de Pamesa Cerámica y Mercadona, respectivamente.
El norteamericano había sido un chico muy alto, muy flaco y muy tímido que sufría mucho porque le hacían bullying. Hasta que el baloncesto le convirtió en otro hombre más grande y más seguro de sí mismo. Branson entró en el instituto midiendo 1,78m y salió rondando los dos metros. El adolescente había heredado los genes de su padre biológico, Lou Scott, que había sido campeón de la NCAA con la Universidad de Indiana.
Se va un pedazo de nuestra historia. Descansa en paz, Brad 💔
— Valencia Basket Club (@valenciabasket) January 28, 2026
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Branson alcanzó la NBA después de haber sido elegido por los Detroit Pistons en la segunda ronda del draft. Aunque solo jugó una temporada completa, la 82-83, en los Indiana Pacers, donde promedió 5,5 puntos y 2,8 rebotes. En su último partido en casa, ya con más minutos y sin nada en juego, logró 36 puntos.
A Branson le gustaba recordar la anécdota de su primera jugada en la NBA. No fue muy afortunada: una pérdida de balón ante el mismísimo Julius Enving, el Dr. J, la gran estrella mundial del momento. Un jugador de fantasía que brillaba antes de la irrupción de la generación de Magic Johnson y Larry Bird. El exjugador del Madrid y el Valencia recordaba el lance en una entrevista con JotDown. A la siguiente jugada, después de perder el balón, Erving le dijo: “Hey, cuando estés dentro de la cancha, juega. Te mereces estar aquí”. Un gesto cariñoso y deportivo que jamás olvidó.
Luego se fue a la Lega, en Italia, para jugar en el Brescia, donde se encontró con un joven entrenador asistente llamado Sergio Scariolo. Eran los tiempos de Dino Meneghin, Roberto Brunamonti, Mike D’Antoni, Corny Thompson, el estadounidense que luego militó en la Penya y en León, o Bob McAdoo, con una larga carrera en la NBA. Años de duelos enconados entre las selecciones de España e Italia.
Después recaló en la Liga ACB para fichar por el Real Madrid de Lolo Sainz, el entrenador que acaba de perder a Fernando Martín, que probaba fortuna en los Portland Trail Blazers y se convertía así en el primer español en pisar la NBA, y el estadounidense Wayne Robinson. A Branson le fue bien con la camiseta blanca, al lado de leyendas como Juan Antonio Corbalán, Juanma López Iturriaga o Fernando Romay, y promedió 22,2 puntos y 9,5 rebotes por partido. Al año siguiente, con el regreso de Fernando Martín, bajó algo su rendimiento y decidió probar suerte con un equipo recién ascendido: el Pamesa.
Allí estuvo entre 1988 y 1994 para convertirse en la primera gran estrella de este joven club. Roberto Íñiguez, compañero entonces y hoy un reputado entrenador de baloncesto que dirige al Spar Girona de la Liga Femenina, recuerda su tremenda influencia. “Más que la importancia por su juego, fue la importancia de dar a entender el proyecto de aquel Pamesa. El club dio un paso al frente con él. Significó mucho y fue el primer jugador que marcó un punto y aparte. Además, era un jugador buenísimo y significó mucho en la evolución del equipo”.
Branson se casó con Bárbara, una valenciana que había conocido en Madrid, y hundió sus raíces en la ciudad. Ese Pamesa, al principio, lo dirigía Antoni Serra, del que recordaba un castigo que le puso un día que andaba despistado en un entrenamiento. El técnico catalán le ordenó ponerse a correr y dar vueltas a la cancha mientras él fuera anotando tiros libres. El pívot se rio y pensó que no acabaría ni la primera vuelta. Pero el entrenador no fallaba ni un tiro y Branson acabó pidiendo clemencia a Serra.
En aquellos entrenamientos empezó a aparecer un chico de la cantera que después acabaría con su camiseta colgada del pabellón: Víctor Luengo. El valenciano lloraba este miércoles la pérdida de alguien al que consideraba “un padre deportivo”. El excapitán del Pamesa Valencia le recordaba con cariño. “Mis recuerdos con Brad son muy buenos. En aquella época era el referente del club al que todos los jugadores admirábamos y que impresionaba porque tenía un voz muy grave. Tuve la suerte de coincidir con él tres de los seis años que estuvo en el club. A mí me apadrinó y siempre intentó ayudarme. Luego, mantuve el contacto con él y le tenía mucho cariño”.
Brad Branson se retiró en 1994, con contrato en vigor. Entonces emprendió una ruinosa aventura empresarial y abrió dos restaurantes llamados Chicago’s en Valencia y Madrid. No duraron mucho y el exjugador acabó regresando a Estados Unidos. El norteamericano, padre de cuatro hijos, siempre fue muy recordado en Valencia, una ciudad a la que regresaba de manera recurrente, especialmente en la semana de Fallas.
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