Muere Uliana Semenova, la gigante amable que dominó el baloncesto mundial
La histórica pívot soviética de 2,13m ganó 11 Copas de Europa y todos los oros con la URSS y dejó un recuerdo humano imborrable tras su paso por Getafe en 1987-88


El baloncesto mundial llora la pérdida de Uliana Semenova, la gigantesca jugadora letona que dominó la canasta como ninguna otra jamás y que dejó un recuerdo imborrable por su imparable dominio en la pista y por su humanidad fuera de ella. Semenova falleció este jueves a los 73 años y el mundo entero del baloncesto se ha vestido de luto para despedir a una leyenda de los aros. “La jugadora más determinante en la historia del baloncesto mundial”, la despidió la Federación Española en su mensaje de pésame. La condición de mito eterno se la ganó Semenova gracias a un físico descomunal, 2,13m y 135 kilos, con el que hacía pequeña a cualquier rival y que le permitía dominar el juego bajo el tablero como nadie ha logrado nunca. El palmarés deja con la boca abierta: 11 veces campeona de la Copa de Europa con el TTT Riga, 15 Ligas soviéticas, y con la URSS, dos oros olímpicos (Montreal 76 y Moscú 80), tres oros mundiales (1971, 75 y 83) y 10 europeos, todos entre 1968 y 1985. La Unión Soviética no perdió ni un partido oficial con la imponente Ula en la cancha entre 1958 y 1976. Y, como broche, los seis meses en los que a final de su carrera, muy mermada físicamente, jugó en el Tintoretto Getafe en la temporada 1987-88, revolucionó el baloncesto femenino español y dejó una profunda huella por su tamaño y por su trato humano.
Más de 30 años después, la historia del baloncesto femenino español no se puede entender sin el capítulo que firmó una letona de 2'13: Colosal Semenova. #InformeRobinson pic.twitter.com/m73BCnXo6G
— Informe Plus+ por Movistar Plus+ (@InformePlus) September 20, 2019
En Medumi, en la frontera entre Letonia y Lituania, creció Uliana Semenova en una familia de siete hermanos. Nació el 9 de marzo de 1952 y a los seis años ya era tan grande que apenas cabía en el pupitre de clase, tan fuerte que era la encargada de cargar con los cubos de agua para llevarlos a casa. Sufría acromegalia, un exceso de la hormona del crecimiento. Con 12 años medía 1,90m y apenas acababa de empezar a jugar al baloncesto. Pronto llamó la atención del TTT Riga y dejó el hogar para vivir en un internado y dedicarse de lleno a la canasta. Con 14 debutó en Primera y a los 16 con la selección soviética. Fue el inicio de una carrera única por su superioridad física en la cancha. En 1976 recibió la Orden de la Bandera Roja del Trabajo de la Unión Soviética y en 1993, ya retirada, se convirtió en el primer miembro, hombre o mujer, no estadounidense en el Basketball Hall of Fame (también entró en el Salón de la Fama de la FIBA y de la Federación Española).
Fueron solo seis meses, pero su fugaz paso por España todavía deja hoy un emocionante recuerdo de admiración. El modesto Tintoretto Getafe consiguió lo que parecía imposible, el fichaje de una estrella del deporte soviético. Su presidente, Antonio Jareño, invirtió semanas de negociaciones con el ministerio de deportes ruso y viajes a Moscú y Riga hasta que acordó el pago de seis millones de pesetas por la pívot a través de un banco de Liechtenstein, según contó en 2019 en Informe Robinson. El 30 de noviembre de 1988, con la Liga ya en marcha, Semenova aterrizó en Madrid, recibió un ramo de flores de sus nuevas compañeras en su presentación en El Corte Inglés y comenzó la revolución.
Fallece Uliana Semenova (2,13), la gigante que triunfó en la URSS con dos oros olímpicos y jugó en el Tintoretto. Dentro vídeo 👇👇👇 pic.twitter.com/QhMtFqQlnS
— Francisco Ávila (@pacoavila) January 9, 2026
“Nada más llegar me impresionó la casa tan lujosa que me dieron. ¡Una casa de dos plantas! ¿De verdad me merezco una casa tan grande?”, contaba hace siete años en el documental. Era un reflejo de la humildad con la que aterrizó la mayor figura del baloncesto femenino mundial en un conjunto que entonces luchaba por no descender. La misma sencillez con la que perdía perdón cuando fallaba un tiro, aunque esto sucediera pocas peces. En su debut sumó 22 puntos y 31 rebotes contra el Canoe. Semenova cambiaba por completo la forma de jugar del Getafe y de los equipos rivales pese a que a los 35 años solo era una sombra de la jugadora que había sido. Un tobillo izquierdo “deforme”, según el fisioterapeuta del club, que le aplicaba ungüentos con aspirina y arcilla para rebajar la inflamación, apenas le permitía caminar con normalidad. Calzaba un número 56 en ese pie pero un 54 en el derecho. Bajar a defender era una tortura y apenas tenía descanso porque el contrato le exigía un tiempo mínimo en la pista. Y aun así, el equipo madrileño fue subcampeón liguero tras el Caixa Tarragona.

El baloncesto femenino llenaba de repente pabellones y Semenova protagonizaba páginas de diarios y revistas y horas de televisión y radio. Quienes compartieron con ella aquella aventura destacan además su “humanidad”. “Todo lo grande que era lo tenía de grande como persona. Tenía ángel, era especial”, cuenta a EL PAÍS su compañera Rocío Jiménez, una de sus mejores amigas; “nos cautivó con todo, por su manera de ser y su calidad humana. Viniendo de donde venía, aquí todo le parecía bonito y lo valoraba muchísimo. Siempre nos estaba animando. Se sintió apreciada, querida y respetada”.
Semenova se ganó a todo el mundo a su alrededor por su carácter caluroso. Culturalmente inquieta, viajaba con el resto de jugadoras a Segovia y visitaba museos y el hipódromo. Como la URSS se quedaba el 95% de su sueldo, la plantilla la invitaba a veces a comer y el presidente la ayudaba como podía. Cuando volvió a su país, antes de su retirada, el club le regaló un tomo con los artículos publicados sobre ella.
Poco después, pero ya en 1988, entrevistamos a Semenova junto a su compañera Rocío Jiménez.
— Gigantes del Basket (@GIGANTESbasket) January 9, 2026
El resultado fue una de las sesiones de fotos más icónicas desde la creación de Gigantes.
❤️Una dupla histórica del Tintoretto Getafe. pic.twitter.com/xrRJPbCMQ7
En sus últimos años Semenova vivió las consecuencias de sus problemas físicos. Sufrió la amputación de un pie y apuros económicos. Nunca olvidó su paso por Getafe, como recordaba en Informe Robinson: “La despedida fue con lágrimas. No quería dejar a mi querido equipo ni a mis compañeras. En solo seis meses se había convertido en mi equipo del alma. Yo me esforcé en dar lo mejor de mí en el baloncesto y en la vida. Jugar en Getafe fue maravilloso. Fue en España donde verdaderamente me sentí una estrella del baloncesto”.
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