El bronce del relevo de mujeres de 4x400 cierra un domingo mágico en el Mundial de Torun
España, con cinco metales, como Italia, termina sexta en el medallero, y segunda en número de medallas, tras las 18 de Estados Unidos


El conjunto del relevo español, ya solo femenino en la última jornada, volvió a ser las golden bubbles, las radiantes mujeres que tanto son capaces de generar dinámica de éxito como de incrementarla llegado el momento, y seguir las enseñanzas de Mariano García al que, encandiladas, aplauden cuando el murciano hace sonar el himno de España en el podio. No son cuatro, es un grupo de seis, un sexteto de viento y cuerda que actúa siempre en salas sinfónicas y que, magníficas amigas, se reparten la faena el domingo.
Por la mañana Daniela Fra, vallista de Arroyomolinos, Rocío Arroyo, que después de correr dos 800m aún tiene chispa en las piernas para, reflejos de su formación, manejarse con el cilindro en la mano, la cordobesa Carmen Avilés, y la debutante Ana Prieto, 20 años aún, gaditana de Los Barrios de acento cerrado y hermoso, de brisa atlántica en la bahía de Algeciras, ojos asombrados y paso sólido, clasifican al equipo para la final del domingo ya noche.
Allí ya regresan las titulares todos los días, estajanovistas del sprint. Paula Sevilla abre el baile cogiendo sitio, tan diminuta parece al lado de las gigantes centroeuropeas la manchega de La Solana, y más brava, detrás de holandesas, estadounidenses y polacas, y lo cierra Blanca Hervás, que aún mantiene el aire, y el pelo bien fijado —no se mueve ni un cabello de su cabeza, bien pegado por la hábil compañera Avilés, y hasta es tan elegante como la maravillosa Sydney McLauglin, la diva y su diosa, y su moñito recogiendo la melena— después de haber corrido cinco 400m —la distancia que deja mareadas, medio muertas, agonizantes de lactato en las orejas, a las que lo corren— en poco más de 48 horas, para cerrarlo con su broche especial, el acelerón que en el último aliento, los últimos metros, derrota a la polaca y alcanza el bronce. Su segunda medalla en tres días. Entre medias, Arroyo, de Alcalá de Henares, y Prieto, mantienen la posición, siempre su aliento en la nuca de la polaca de turno, que se deshace entre su presión y la algarabía de su público, qué presión.
¡BRONCE PARA EL RELEVO FEMENINO 4X400!
— Teledeporte (@teledeporte) March 22, 2026
🥉Tenian que ser ellas, tenian que ser las 'Golden Bubbles' las que redondearan esta maravillosa tarde para el atletismo español #WorldIndoorChamps
🔝Paula Sevilla, Ana Prieto, Rocio Arroyo y Blanca Hervás, bronce mundial en relevos 4x400 pic.twitter.com/D21RbBA6lF
Primera termina el Estados Unidos (3m 25,81s) de Shamier Little. Segunda, la Holanda de Lieke Klaver (3m 26s). Tercera, la España de las seis burbujas doradas que, horas después, se derraman en sus copas flauta celebratorias (3m 26,4s).
“¿Un milagro? No, esto no es ni milagro ni magia”, dice Toni Puig, gran humanidad física y espiritual, gran chamán del relevo y de las vallas de Quique Llopis, que aplaude y se abraza desde la grada junto a Fra y Avilés, el equipo, y necesita todos los dedos de la mano para contar las medallas del equipo español en su mejor Mundial, un oro, dos platas, dos bronces. “Esto no es magia, es trabajo y pasión”.
Pero las mujeres, las protagonistas que dibujan la maravilla sobre el tartán, no están de acuerdo. “¡Esto es magia!”, proclama Hervás, portavoz por aclamación de sus compañeras, de las seis que suben al último podio de los campeonatos. “Es magia lo que tenemos este equipo, la unión que tenemos, la fuerza que nos transmitimos mutuamente”, dice la madrileña de Majadahonda que se ha convertido ya en la mejor cuatrocentista española. “Corríamos cuatro la final, pero éramos seis en la pista. Y estamos orgullosas, unidas, contentas, felices”.
Las cinco medallas colocan a España sexta en el medallero, y segunda por número total empatada con Italia (tres oros y dos platas) tras las 18 del imperio de Estados Unidos. Y tan especial es el momento, tan espectacular un equipo que supera las expectativas más optimistas, que Raúl Chapado, el presidente de la federación, no duda en calificar Torun como el Mundial “en el que se rozó la perfección competitiva”. “Y lo digo sabiendo que somos muy exigentes”, dice Chapado, que alaba la apuesta federativa por los relevos en un país no especialmente dotado para la velocidad, el trabajo de los técnicos y la fibra de los atletas, de los que ganan después de haber caído, como Llopis y Mariano García, de los que llegan, de los que, como Eusebio Cáceres (8,04m), aún compiten a los 35 años y son finalistas. El alicantino fue octavo en la final de longitud ganada por el magnífico Gerson Baldé (8,46m), una muestra más de la fabulosa escuela de salto que implantó en la península ibérica el sentimental soviético Roberto Zotko, como lo es la campeona entre las mujeres, Agate de Sousa (6,92m), lisboeta de Santo Tomé. “Y me acuerdo, y me emociono, de María Vicente, que hace dos años justos se rompió el tendón de Aquiles cuando lideraba el pentatlón, y habría estado aquí triunfando”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































