Gonzalo Pérez Arce, el Pichichi de andar por casa
El extremo derecho, que cuenta con 114 goles en esta Asobal, 26 más que el segundo en la tabla, regresa con el Ademar tras no figurar con España en el Europeo


Vuelve la Asobal y regresa el Pichichi de la liga, Gonzalo Pérez Arce (del Ademar León), que ha estado un mes inactivo porque España —que no pasó a la fase final en el Europeo conquistado por Dinamarca— no cuenta con él por más que su relación con las porterías rivales es inigualable. Suma 114 goles por los 88 de Ander Torrico (Eón Alicante), el segundo clasificado en la tabla. Un registro que coge color porque atina en el 76% de los intentos, porque acumula 7,60 goles por encuentro. “Todos sueñan con defender a la selección en un torneo grande y sigo teniendo la ilusión”, reflexiona el extremo; “pero por ahora la animo desde casa”. Mientras, sin embargo, confía en seguir anotando goles para erigirse en el máximo goleador del curso y, de paso, clasificar al Ademar para competiciones europeas.
Para Gonzalo el balonmano fue una consecuencia porque su hermano mayor, Rodrigo, ya jugaba y porque en su colegio, Maristas de San José de León, la tradición era practicar el deporte, todos bajo las órdenes del Hermano Tomás. “Es una institución en la ciudad y en el deporte”, explica el extremo; “estuvo presente incluso en la fundación del Ademar”. Sí que probó en el fútbol como lateral, pero la pelota no le hacía tanto caso como con el balonmano, donde pronto empezó a despuntar y a ir convocado con la selección autonómica, para trasiego de Miguel Ángel y Ana Rosa, sus padres.
Acabada la etapa de juvenil, decidió quedarse en casa. “Me dijeron en el Ademar que me subían al filial y que tendría oportunidades con el primer equipo si funcionaba”, resuelve, contento porque allí pudo estudiar también Derecho, carrera que acabó en cinco años y a la que probablemente le gustaría dedicarse en el futuro, siempre ligando los estudios con su deporte. Y en el parqué todo se aceleró cuando Mario López se fue del club y el Ademar decidió darle los galones de titular. Esa confianza, ese ir creyéndoselo, le dio para marcar 213 goles en el curso 2020-21 y 200 al siguiente. “Pero no fui el máximo goleador”, apunta; galardón para Jorge Serrano (Atlético, con 217 tantos) y Chema Márquez (Granollers; 206). Aunque sí que tuvo la llamada del seleccionador Jordi Ribera para medirse en dos amistosos ante Rumania y en Avilés, donde fueron sus familiares y amigos. “No lo esperaba y lo cogí con orgullo e ilusión. Es lo que sueñas, debutar con la absoluta”, desliza. Pero no volvió. “Creo que el seleccionador tiene sus jugadores de confianza y es totalmente comprensible. No hay problema. Hago muy buenos números, pero considera otros le pueden dar otras cosas. Se acepta. No queda más”, reflexiona sin perder la ilusión.
Considera, también, que ahora es un jugador más hecho que entonces porque hace tres años se marchó al Wisla Pock polaco, donde jugó la Champions —estuvieron a un gol de entrar en la Final Four— y ganó una Liga. Aunque le fastidió la denominada regla de los polacos [“siempre tienen que estar dos jugadores nacionales en el campo y normalmente suele ser un portero y un extremo”, revela] y no tuvo todos los minutos que necesitaba. Por lo que se marchó a Alemania, al Bietigheim, un equipo recién ascendido con el que no pudo mantener la categoría en la última jornada. “No me arrepiento, la Bundesliga es la mejor liga del mundo”, sentencia.
Así que volvió a mirar a casa. “Si no juegas en el Barça, no se puede vivir del balonmano. Es decir, los salarios dan para vivir mientras compites, pero no haces hucha y cuando acabes, debes hacer otra cosa y estar preparado para el futuro”, descifra; “pero volví al Ademar porque pesó la oportunidad de jugar con mi hermano Rodrigo. Y estoy muy bien cerca de la familia y de mi novia Marta”. Otra cosa es si seguirá el año que viene, dado que son varios los equipos de Champions que han llamado a su puerta. “Ya he dicho que quiero quedarme y quiero cerrarlo, pero, como todos, debo mirar en lo económico y en lo deportivo”, resuelve. Mientras, Gonchu, como le llaman en el vestuario, confía en seguir marcando más goles que nadie. “Lo primero que pienso al coger la bola es en meter gol. No pienso en otra cosa. Que la pelota vaya dentro. Y, cuando lanzo, tal y como me enseñó en su día Juanín García —nombrado mejor del mundo en 2004 y con el que compartió equipo en el Ademar— solo pienso en hacer bien el salto para después, ya en el aire, mirar dónde tirar”. Eso, aunque no le haya valido estar con España, sí que le da para ser el Pichichi de la Asobal, que después del parón comienza este fin de semana.
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