Ir al contenido
_
_
_
_

Homenaje a la esencia del Dakar: Laia Sanz y varios colegas salvan el podio de Nani Roma en la penúltima etapa del Dakar

Un accidente a 500 metros de meta casi le cuesta el podio al catalán de Ford, que agradece entre lágrimas la colaboración desinteresada de varios compañeros

Rally Dakar

No habían pasado 24 horas desde que Nani Roma había dicho que no cree en los milagros. Pero el Dakar, y sus colegas en la caravana, le hicieron cambiar de opinión después de un susto enorme que casi le cuesta su primer podio en la carrera desde 2019, el primero desde que superó un cáncer detectado en 2022. Su alocado final en la penúltima etapa de la edición de 2026, que finaliza este sábado en Yanbu, a orillas del mar Rojo, sirve para recordar cuál es la verdadera esencia del rally, incluso en pleno siglo XXI: mucha aventura, incertidumbre absoluta hasta el final y, por encima de todo, compañerismo incluso en la élite de la competición.

La historia empezó con un despiste a 500 metros de cruzar la meta este viernes. Y el piloto catalán de Ford llegó a pensar que todo había acabado por su culpa. Casi 8.000 kilómetros recorridos, una carrera casi perfecta, y de repente un trompazo inesperado que arrancó gran parte de los bajos de su prototipo. También una rueda. Todo ello cuando ya solo quedan 100 kilómetros de recorrido. Roma y su copiloto Àlex Haro cruzaron la meta a tres ruedas, completando la especial, pero iniciando uno de los esprints más estresantes de sus trayectorias deportivas.

En el Dakar, cabe destacar, no solo hay que completar los kilómetros contra el crono, sino alcanzar el campamento en un tiempo estipulado. Su Ford no estaba para conseguirlo sin la colaboración desinteresada de varios colegas, y la penalización establecida podría haberle hecho perder la segunda y la tercera plaza. El margen era de dos horas y 45 minutos. Cada minuto adicional le quitaría otro en la clasificación general, donde Ekström y Loeb acechaban a tan solo ocho minutos. Un desastre asegurado con el coche hecho trizas.

“Esta historia es una de aquellas que quedará para la eternidad en la leyenda del Dakar. La lógica decía que no deberíamos haber llegado, pero lo hemos conseguido”, comentaba Roma, los ojos vidriosos, minutos después de salvar el control horario en el vivac por unos pocos segundos. Nani alcanzó el campamento final del Dakar remolcado por el Ebro de su buena amiga Laia Sanz, que le echó un cable a siete kilómetros de la llegada cuando este se quedaba sin gasolina... por si faltaba dramatismo. Ambos se fundieron en un sentido abrazo, el de Folgueroles claramente sobrepasado por las emociones. “He corrido todo lo que he podido, tío”, le decía ella, encantada de haberle echado una mano. “De esto va el Dakar, de ayudarse los unos a los otros”, apuntaba la piloto de Corbera de Llobregat.

Lo habían salvado por segundos. “Nos debes una cerveza, eh”, bromeaba Maurizio Gerini, copiloto de Sanz. Lo cierto es que debía más de una y dos a varios compañeros y colegas de la caravana. El primero de todos, Romain Dumas, compañero de marca que sacrificó su jornada entera para intentar hacerle ganar la prueba. Además de escoltarle para asaltar el liderato de Nasser Al-Attiyah, un plan que no fructificó, el francés le cedió en la línea de meta el eje delantero entero de su Ford Raptor, la única vía remotamente posible para buscar cumplir los estrictos tiempos de paso sin penalización alguna. Participaron luego en las reparaciones, mientras iban llegando a meta, el estadounidense Mitch Guthrie, el checo Martin Prokop y sus copilotos. Todos a una.

“Justo decía ayer que los milagros no existen, pero queda claro que sí”, le decía Roma, exhausto, a Matt Wilson, su jefe de equipo. Todo eran abrazos y caras de asombro. El catalán se sentó junto a los comisarios encargados de controlar el tiempo, agachado y tapándose la cara con las manos. En una hora, habían logrado reparar lo irreparable a toda prisa y sin la ayuda de mecánicos. “Lo que nos ha pasado hoy ha sido muy bestia, así que ahora solo puede terminar bien la carrera”, resoplaba Roma, abrazado a Haro bajo la carpa de Ford, las pulsaciones ya bajando.

Para obrar el milagro, rodaron por las inmediaciones de la ciudad de Yanbu respetando la velocidad máxima de 120, y es que los vehículos del Dakar, a pesar de encontrarse en situaciones límites, deben respetar en todo momento la normativa de circulación en los tramos de enlace. Por suerte no había tráfico, y Roma destacó que no se saltaron ni un solo semáforo. La lección queda clara para todos, incluso para los líderes Al-Attiyah y Ricky Brabec (en motos): el rally no termina hasta el último metro del último día, así que toca competir y tocar madera.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Guille Álvarez
Graduado en Ciencias Políticas por la UPF y máster en Periodismo Deportivo y Comunicación por la Blanquerna-URL, ha pasado por las redacciones de La Vanguardia, la revista VICE y Mundo Deportivo. Colabora con la sección de deportes de EL PAÍS desde 2022, donde ha cubierto el Mundial de MotoGP y varias ediciones del Rally Dakar.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_