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José Luis Criado, el guardián de las esencias del Rally Dakar que acumula 35 participaciones y un sinfín de anécdotas

El copiloto español de 68 años es uno de los fijos en el rally, al que ha vuelto con la misma ilusión del primer año. Es uno de los grandes cuentacuentos del vivac

José Luis Criado Barragán (Arjona, 68 años) es uno de los rostros perennes del Dakar. Tan solo la covid-19, a última hora en 2022, le apartó de una carrera que se ha convertido en una extensión de sí. Con 35 participaciones, tan solo el francés Stéphane Peterhansel, el mismísimo ‘Monsieur Dakar’, le supera con 36. “Es un honor que la carrera nos siga acogiendo y poder estar aquí con la ilusión y ganas del primer día”, apunta el experimentado copiloto de camiones, notario en su otra vida en España. Criado se aproximó al rally por afán de aventura y ganas de conocer lugares recónditos, y tiene historias para agotar la tinta.

Él tenía 15 años cuando el Dakar empezó a aparecer en la televisión, y recuerda no perderse ninguna de las conexiones radiofónicas de José María García con Juan Porcar. “Era un compendio de ideas y sensaciones que, en la mente de un chiquillo al que le gustaba el motor, calaron hondo”, explica. Aunque procedía de un pequeño pueblo de Jaén de apenas 5.000 habitantes, aquel niño también tuvo entre sus vecinos el precedente de Carlos del Val, uno de los primeros dakarianos españoles con su camión Pegaso. Tras su llegada a Cataluña por trabajo, David Oliveras y José Montaño se convirtieron en sus grandes valedores para iniciarse en el rally de rallies, debutando como copiloto el año en 1991 bajo la estructura de Epsilon, donde ahora luce un pionero camión MAN 6x6 híbrido propulsado por un motor de hidrógeno y otro eléctrico con el equipo KH-7 Ecovergy.

“Esto ha sido como un río que te lleva, y aquí seguimos porque no me quiero bajar”, dice sobre aquella primera inmersión en la carrera. “Me tiré a la piscina, porque no tenía ni idea de ser copiloto, pero no lo hice mal y aquí sigo”, agrega. Pidió consejos y un par de lecciones a otro histórico, Salvador Cañellas, y el resto fue atrevimiento. Se estrenó en el París-Dakar que cruzó el desierto del Teneré en 1991. “Vivir todo aquello era una sensación única, preciosa. Y recuerdo cómo me animaba mi padre a ir: lo que tú veas con tus ojos, lo veré yo también”, rememora. Y él lo hacía y lo hace a través de sus relatos.

Por ejemplo, el de su secuestro en Mauritania a punta de Kalashnikov: “Estuvimos dos o tres horas contra la pared, creíamos que iban a fusilarnos, y llegamos a despedirnos los unos de los otros. Acababa de morir mi padre, y yo no estaba todavía casado, así que tenía la conciencia muy tranquila”. Ya en su segunda participación, donde cruzó África entera desde Misurata hasta Ciudad del Cabo, Criado perdió muy pronto la caravana por una avería y tuvo que espabilarse junto a su piloto Xavi Foj durante un par de semanas en solitario, sin teléfono ni nada para reconectar con su mundo. Tenían que llegar a tiempo al barco de la organización que cruzaba del Congo a Angola en la jornada de descanso o podían quedarse varados en medio del continente: una guerra civil en el Chad, problemas con agentes fronterizos en Nigeria… aquello sí que fue una odisea mayúscula.

Criado, junto al piloto de camiones Jordi Juvanteny, de 66 años, forman la pareja más experimentada del rally: 67 ediciones acumuladas entre ambos. Él apoda su vínculo, con cariño, como la ‘sociedad de la arena’. El jienense reserva una buena parte de sus vacaciones anuales para el Dakar. También la profesión y cierta flexibilidad con sus compañeros ayudan. Con la misma alegría, arrojo y optimismo que se levanta cada día en la Roca del Vallés (Barcelona) para ir a trabajar, amanece en el vivac para encarar otra jornada en algunos de los parajes más recónditos del planeta: “Me chifla esto y me chifla ser notario. Ahora dicen que no nos jubilarán hasta los 75, ¡pues allá que voy!”

Cuando escucharon que el rally quería mejorar en sostenibilidad, el equipo creó el primer camión capaz de funcionar sin combustibles fósiles. Tan avanzada fue su solución que les prohibieron participar junto al resto de competidores ante la rigidez normativa de la FIA. Sin quererlo, levantaron los cimientos de la categoría Mission 1000 dedicada a soluciones sostenibles, que sin embargo ha quedado algo descafeinada ante el giro ‘trumpista’ de la industria del automóvil y las grandes petroleras. Si nada se tuerce, la ganaran pese a que les modifiquen las normas para dar más oportunidad a las motos eléctricas contra las que compiten. Un sinsentido. “Pero nos encanta ser los primeros en ir con hidrógeno y demostrar que es posible”, subraya.

Tiran hacia adelante porque les chifla la vida en el vivac. “A mí, lo que me engancha a esta carrera es el afán por conocer. La suerte de quienes estamos aquí es que hemos conocido medio mundo. Nuevas tierras, gentes, circunstancias, culturas… esto te enriquece muchísimo. Y me encanta también poder compartir unos días con una gente que no tiene nada que ver contigo y que se han convertido en auténticos amigos. La convivencia, los momentos de ocio, son una delicia”, ilustra el participante más veterano de la caravana este año.

Como tal, todos se le acercan para que les cuente sus batallitas, prácticamente infinitas. “Yo soy el guardián de las esencias, a mí todos me preguntan cosas y me cuentan sus historias”, sonríe antes de lanzar sus principales aprendizajes en la carrera. “Hay que relativizarlo todo en el mundo moderno. ¡Mirad la suerte que tenemos! Aquí aprendes sobre el sacrificio y entiendes por qué la pasión debe regir nuestras vidas”, agrega.

“La nostalgia es un error”, dice parafraseando a José Luis de Villalonga sobre los Dakares en África, los que nunca volverán, al menos en su versión más pura. “Aunque claro que debes mantener el recuerdo”, apostilla él. “En la vida es mejor adaptarte al signo de los tiempos, tener la mirada lejos sin saber lo que te espera y darle la bienvenida a lo que venga”, añade. Ávido lector, cita a Andrés Trapiello para cerrar la conversación: “La incertidumbre es la sal de la libertad”. Y también la sal del Dakar.

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Sobre la firma

Guille Álvarez
Graduado en Ciencias Políticas por la UPF y máster en Periodismo Deportivo y Comunicación por la Blanquerna-URL, ha pasado por las redacciones de La Vanguardia, la revista VICE y Mundo Deportivo. Colabora con la sección de deportes de EL PAÍS desde 2022, donde ha cubierto el Mundial de MotoGP y varias ediciones del Rally Dakar.
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