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Lerma (Burgos)

Una villa mundial con esencia de pueblo

El palacio ducal, un edificio herreriano del siglo XVII, alberga el parador de Lerma, punto de apoyo para conocer un pueblo monumental desde el que se gobernaba el imperio español, y para probar el lechazo y los desconocidos vinos ácidos y de baja graduación de la DO Arlanza

—¿Sabéis dónde estáis?

—Sí, en Ribera del Duero.

Error. Ramiro Arnaiz, profesor de Márketing Internacional, vive en Lerma (Burgos) y muchos de los visitantes con los que trata (aficionados al vino y no tan aficionados) piensan que esta villa monumental de 2.629 habitantes y sus alrededores se encuentran dentro de esa denominación de origen (DO) vinícola tan conocida de Castilla y León. Pero no. Por Lerma y por toda la comarca del río Arlanza se despliega la DO Arlanza. “Somos una región exclusiva y estamos olvidados”, dice sin pesar el también presidente de esta denominación. Al revés, sabe que ese desconocimiento va a llamar la atención de cada vez más turistas, entendidos y no, que beben vino o que disfrutan con un paseo por viñedos en los que se intercalan cepas con cerezos en flor a casi mil metros de altitud. “Ni hay bodegas fastuosas ni un viñedo industrial con calles diseñadas”. Esto es puro campo. Tomas un café con la gente del pueblo y te pones a andar por caminos para ver cepas y buitres leonados, milanos, corzos…

En esa idea de convencer a visitantes para que vayan de vacaciones a este trocito de la submeseta norte cuentan con el parador de Lerma, un palacio del siglo XVII construido en estilo herreriano y cuyos cuatro chapiteles se aprecian desde la carretera. “Ahí hay algo”, dice Claudio García, técnico de turismo, para referirse a la clásica expresión de los que pasan de largo pero intuyen que deberían parar. “Lerma es el pueblo de ya pararé”, añade.

Dentro del parador

De Lerma al mundo

El parador de Lerma se ubica en el palacio ducal, erigido por el duque de Lerma (valido de Felipe III) entre 1601 y 1617. Se construyó en estilo herreriano sobre las ruinas de un castillo medieval. Ningún palacio podía tener más de dos torres, salvo los de los reyes. Pero el duque desafió al monarca, ese era su poder. Desde lo que hoy es un hotel de 70 habitaciones se gobernaba el imperio español hace cuatro siglos.

Área de descanso

La cafetería se ubica en el patio del parador que, tras la reforma de 2003, año de la inauguración del hotel, se cubrió. Está abierta a todas horas, se puede comer, hay una carta con raciones y bocadillos. Clientes alojados y no alojados pueden hacer uso de este espacio.

Convergencia con Europa en los horarios

El lechazo (cría de cordero alimentada solo con leche materna) se asa en el restaurante del parador de forma tradicional, con agua, sal y manteca. El comedor permanece abierto en horario ininterrumpido de 14 a 22.30 para satisfacer los gustos de los clientes internacionales y de cada vez más españoles que prefieren cenar temprano.

Galerías de arte

La Virgen en el Trono, una talla románica del siglo XIV, es una de las obras más valiosas que se exponen en el patio. También hay fotos del artista gallego Xurxo Gómez-Chao y una reintepretación del cuadro que Rubens pintó del duque de Lerma a caballo y que se encuentra en El Prado. La muestra de arte del parador es un homenaje a la colección que poseyó el duque de Lerma, una de las más importantes de la Europa del siglo XVII.

La tradición de banquetes continua

Luis I de Borbón, que fue rey de España menos de un año (1724) por su temprano fallecimiento, se casó en este palacio ducal. El salón de desayunos toma el nombre del que fuera hijo de Felipe V. También se organizan eventos de empresa o celebraciones familiares en él.

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Y ojo con el atrevido que da el intermitente o con el que planea unos días de descanso en el parador. Se encuentra con una villa que moldeó el duque de Lerma, valido de Felipe III, para entretener al rey y a la nobleza mientras él hacía y deshacía, mientras dirigía la península Ibérica y las colonias, cuando se alcanzó la máxima extensión territorial. “Las fiestas barrocas que se organizaban en la plaza duraban 15 o 22 días; quedaron perfectamente detalladas. Lope de Vega estrenaba obras aquí”, añade García. Una muestra de esplendor y riqueza, una forma de gobernar. “La fiesta era más barata que la guerra”, cuenta. Y así se logró la Pax Hispanica, 20 años de política exterior pacifista del imperio español.

La apertura del parador en 2003 cambió Lerma. “Antes con la primera nevada desparecían todos los turistas hasta primavera. Ahora vienen todo el año”, resume García. La vida de Lerma transcurría antes en la parte baja, por donde pasa la carretera nacional, hasta que Paradores rehabilitó este palacio ducal y comenzaron a abrir negocios en los alrededores, bares, restaurantes, tiendas, las casas se arreglan, las calles se adecentan. Lerma cambia, explica Fernando Tizón, el que ha sido director del parador en los últimos meses. “Pero no se pierde la esencia de pueblo. Aquí todavía te guardan el pan. Vas a tomar un vino y si se te ha olvidado la cartera puedes pasar al día siguiente a pagar”, detalla en el patio central del hotel, donde se ubica la cafetería y que está lleno a todas horas, todo el mundo quiere visitarlo. “Es un pueblo turístico al que le queda mucho por crecer”, añade.

Cuentan con clientes muy fieles, extranjeros que de camino a su segunda residencia en Portugal o Andalucía paran a hacer noche. Ingleses, franceses, belgas…, atraídos por el vino. “Apoyamos a la DO local”, cuenta Tizón. La gastronomía también es clave. El lechazo se asa de forma tradicional, con agua, sal y manteca. Llega en barro al centro, con la piel enrojecida, con la carne muy blanquita, se ha alimentado solo de leche. La ensalada de lechuga y tomate refresca la boca. La acidez y la baja graduación de los vinos de Arlanza limpian la grasa del paladar. El café se toma en el patio de Bolaños, cubierto, en los sofás, Hay quien se levanta para ver la talla románica del siglo XIV de La Virgen en el Trono, un tapiz de Flandes del XVII o la obra Fake Abstract, de Lino Lago, una reinterpretación del retrato ecuestre del duque de Lerma pintado por Rubens (y que está en El Prado, en Madrid).

Actividades para todos en un entorno natural

Visitas culturales, turismo sostenible, dinamización del lugar…
Cómo sacarle el máximo partido a la zona en la que se ubica el parador de Lerma

Alrededor del palacio ducal, hoy parador y construido hace 400 años, se establecieron órdenes religiosas, como la de las carmelitas descalzas, que se asentaron en Lerma en 1608. La forma de vida de estas monjas apenas varió hasta 2017, cuando abandonaron el convento. El edificio estuvo vacío hasta que Diego Peña, junto con otros cinco amigos del pueblo, lo compraron. Por dentro está intacto, se conserva los baúles en los que trajeron sus pertenencias, algunas de sus lecturas, sigue habiendo un huerto como había hace cuatro siglos, la campana es la misma que servía para comunicarse desde que se asentaron. Peña visita a las monjas en su nueva ubicación cada cierto tiempo para seguir absorbiendo sus costumbres, que luego se cuentan a los que se acercan a conocerlo.

“Puede verse cómo era la vida de pueblo hace 70 años, tiene un interés etnográfico” más allá de conocer cómo eran las celdas de las monjas o resoplar ante el confesionario, donde se tumbaban boca abajo en cruz para sacar sus pecados (“¿Pero qué pecados tendrían estas mujeres?”, se pregunta Peña). Hay visitas guiadas a diario y una vez al mes preparan una olla podrida (alubias rojas y casquería del cerdo) en la antigua cocina del convento. El espacio está cuidadísimo. Han plantado aromáticas, tienen gallinas de la raza castellana (negras). Cuentan con una zona de césped en la que celebrar, por decir, la preboda de la boda que va a tener lugar al día siguiente en el parador o una fiesta de electrónica. Todo cabe. Pero lo normal es el silencio. La religiosidad se nota en Lerma. García, el técnico de Turismo, recuerda que la villa se designó para agradar al santurrón Felipe III, se construyeron siete ermitas, seis conventos y una colegiata de corte catedralicio.

PARADORES RECOMIENDA

Los atardeceres en Lerma, con tonos anaranjados o morados, son un espectáculo en esta época. Conviene pasear por las calles Larga o del Barco, todas próximas al mercado Viejo, para contemplarlos. Desde la colegiata también se ven muy bien.

Estíbaliz Martín

Jefa de recepción22 años en Paradores

Los campos de lavanda empiezan a estar en su mejor momento desde finales de mayo. Es fácil encontrarlos por toda la comarca del Arlanza. Son muy para foto de Instagram. Esta aromática se usa para elaborar postres, como la tarta de chocolate de lavanda.

Alberto Sánchez

Jefe de cocina 3 años en Paradores

Desde la parte de atrás del parador puede iniciarse el paseo de la Presa, que recorre el río Arlanza. Atraviesa la ermita del Humilladero, una de las siete que existían en los antiguos jardines del duque de Lerma. Se completa en hora y media.

Raquel Moreda

Gobernanta 5 años en Paradores

Cepas entre árboles y colmenas tradicionales

Da para mucho la estancia en Lerma si se cuenta con la comarca, con el campo, con el río. Ramiro Arnaiz, presidente de la DO Arlanza, propone tomar una café en Covarrubias, un pueblo a 23 kilómetros de Lerma por el que pasa el Arlanza. En esta villa milenaria destaca la casa doña Sancha (siglo XV) y la excolegiata de san Cosme y san Damián (gótica). Arnaiz cuenta que el visitante busca “estar aquí con la gente del pueblo, mimetizarse con la zona, no solo ver monumentos o disfrutar de la gastronomía”. Explica que los bodegueros no echan nada al vino, hay muy poca enología, poca intervención, no existe esa presión comercial, muchos no viven de ello, no hay fertilizantes, lo que hay son frutales en el entorno, plantas aromáticas. “Los enólogos que están terminando de formarse se ofrecen gratuitamente para venir aquí a trabajar”, cuenta mientras retira la borra de un sarmiento, una pelusilla que anticipa el brote de las hojas. Para finales de mayo empezarán a salir los racimos, que estarán listos para la vendimia en septiembre. Un poco antes, en julio, los cerezos que se intercalan con las cepas habrán terminado de dar unas cerezas firmes y ácidas, de carne tersa y escasa, amarillas algunas.

Monte a través se llega con la compañía de Eduardo Izquierdo a un colmenar tradicional. La caminata, de cuatro kilómetros, forma parte de la visita. Empieza en Pineda y termina con un tarro de miel en la mano. “A cucharadas la tomo cuando estoy constipado”, afirma. Mezclada con un buen aceite del que se agarra a la garganta y flor de sal, sirve para untar una tostada que todavía no han descubierto en los sitios de brunch. Amigos acompañan a Izquierdo en la explicación de los dujos, como se llama a los troncos (tocones) vacíos en los que habitan las abejas. Uno de ellos se pone una malla antigua y casera para protegerse la cabeza. Otro quema enebro para adormecer con el humo a las obreras y a los zánganos. Descubren las tejas que ejercen de tapa en estas colmenas del siglo XIX. Las abejas no pican porque están en otro sitio, en panales modernos, que producen cuatro veces más. Este sirve para la simulación, para conocer las formas de vida y el paisaje de la comarca de Arlanza, por donde pasa el río Arlanza. No confundir con el Duero.

Castilla y León, en 15 paradores

CRÉDITOS:

Redacción y guion: Mariano Ahijado
Coordinación editorial: Francis Pachá
Fotografía: Emilio Fraile
Diseño: Juan Sánchez
Desarrollo: Rodolfo Mata
Coordinación de diseño: Adolfo Domenech

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